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  • Bebé a bordo… del metro

    Inglaterra es el país de lo políticamente correcto, de los sorries y los excusemes, donde por no ofender a ninguna minoría étnica se suele ofender a la mayoría. Un país donde el 84% de las mujeres embarazadas deben permanecer de pie habitualmente en el metro ya que la mayoría de los viajeros teme ofender a la mujer en cuestión en caso de que no esté embarazada sino que simplemente esté gorda.

    La misma BBC se hizo eco del problema y publicó una lista de pistas para ayudar a la gente a diferenciar entre embarazada y gorda, pero más que ayudar yo creo que aún confunde más, con cosas como: jadeos y resoplidos (como si la gente gorda gozase de una capacidad pulmonar envidiable), tobillos hinchados y tipo de calzado (lo mismo, las gordas tienen tobillos finos? calzado? Quién se creen que soy, Victorio o Lucchino?), la forma de andar o incluso el libro o revista que estén leyendo. Vamos que al final las mujeres obesas se van a mosquear y con razón porque la gente las mirará fijamente y con descaro intentando discernir si el llevar la segunda novela de la saga Crepúsculo es debido a un nivel anormal de hormonas o simplemente a ser una mujer con sobrepeso y un gusto literario discutible.

    Para acabar con estas tonterías, la TFL ha creado unas chapas destinadas a las futuras mamás que rezan “Bebé a bordo” para facilitar la labor a todo el mundo y que se pueden solicitar aquí.

    bebe a bordo

    La gente cuando se sienta en el metro suele ir a lo suyo: juega con el móvil, lee un libro, el periódico o el flamante kindle, y ya puede tener delante una embarazada de gemelos con la tripa al aire y con 20 chapas indicando que está preñada, que es muy probable que no se entere. Yo creo que es tan fácil como que la mujer en cuestión se acerque a cualquiera y le pida sentarse. Estyo seguro que en el 99,9% de los casos será cuestión de un segundo que quien sea se levante como un resorte. Es una pena que el 78% de las mujeres embarazadas reconozca que jamás piden sentarse cuando lo necesitan.

  • Bolardos

    La palabra bolardo proviene del vocablo inglés bollard y, según la RAE, es un “poste de hierro colado u otra materia hincado en el suelo y destinado a impedir el paso o aparcamiento de vehículos”. También se les llama pivotes o simplemente “pijorros”, pero su función yo creo que está bastante clara. Básicamente están ahí para rayar tu coche.

    Londres está completamente plagado de ellos y, en concreto, la City es el paraiso de los bolardos. Paseando por las calles del distrito financiero, tan solo tienes que detenerte a observar unos segundos y seguro que ves alguno. Los hay de todos tipos, formas, materiales y colores. Algunos de ellos son muy conocidos y otros llevan más de 200 años haciendo su trabajo. Por lo visto lo de aparcar encima de la acera se lleva haciendo desde mucho antes de que hubiera coches. La pregunta es: ¿Hace dos siglos también se te llevaba el caballo la grúa?

    Muchos de ellos son completamente innecesarios, pero se han hecho fuertes en la ciudad y ya cuentan con su propia página web, que desde hace dos años ha ido registrando bolardos peculiares y ya lleva más de 100. Mis favoritos son el “bobby” y el “leapfrog“. ¿Los has visto por la ciudad?

    bolardos

  • Verdades y mentiras sobre Londres: Puntualidad Británica

    No hay más que teclear “puntualidad” en Google para ver los términos más frecuentes relacionados con esa palabra. La puntualidad inglesa o británica, tal y como indica alguna que otra teoría, se puso de moda en tiempos de los gentlemen con bombín y reloj de bolsillo, inmortalizados por Julio Verne en la “vuelta al mundo en 80 días”. Allí, Mr. Phileas Fogg que, al contrario de lo que piensa la gran mayoría, no era un león parlante con chistera, cruza el mundo sin atropellos confiando ciegamente en la puntualidad de los transportes coloniales del Imperio Británico.

    Puntualidad británica

    Los tiempos han cambiado. Hoy lo que llevan los gentlemen británicos en el bolsillo es la Black Berry, que les permite enviar mails excusándose por llegar tarde. El conductor del tren envía un mensaje a la empresa porque llega 10 minutos tarde a trabajar, el hombre de negocios envía otro para decir que está atascado nosedonde porque el conductor del tren en el que tiene que ir a Londres no ha llegado aún y el tipo que tenía una cita con dicho hombre de negocios, termina avisando a su pareja de squash de que hoy tampoco podrá jugar a las 5 porque se ha retrasado su reunión.

    Las aerolíneas británicas aparecen en la parte baja de las listas de puntualidad. Lo de los trenes es de risa, ellos publican unos datos fabulosos, pero el hecho de que un tren cancelado no cuente como retraso en sus cálculos lo dice todo. El metro, que por lo general es el más fiable, deja de serlo cuando los trabajadores deciden ir a la huelga (4 el año pasado) o hay lluvias intensas, nevadas e incluso hojas en la vía cuando llega el Otoño (no es coña).

    Con este panorama, lógicamente, no se puede esperar mucha puntualidad por parte de los trabajadores. Al menos, en mi oficina, la gente sólo es puntual a la hora de marcharse…

  • Circo británico

    En los últimos dos días en Inglaterra sólo se habla de dos cosas: del escandaloso fichaje de Torres por el Chelsea y del follón que hay montado en Egipto, donde quieren evacuar a 10.000 británicos que están ahora por la zonas conflictivas.

    Y sólo se habla de estas dos cosas porque los medios de comunicación hoy en día sólo comunican lo que al Gobierno le interese. Si los ánimos de los británicos están muy crispados vamos a darles circo, como en la antigua Roma, con la salvedad de que el circo de esta época es el fútbol. Las 180.000 libras semanales que cobrará el jugador español pueden parecen una barbaridad (y lo son), pero eso no es nada nuevo en el circo. Ya en el siglo 2, el gran corredor de cuádrigas Diocles, de origen Lusitano, acumuló unas ganancias de casi 36 millones de sestercios durante su carrera deportiva, lo que equivaldría a unos 15.000 millones de dólares actuales.

    Por otra parte, no paran de salir a la luz pública escándalos políticos y económicos: la TFL, que no para de subir los precios del transporte, se dejó un millón de libras en pasajeros falsos para completar una encuesta de satisfacción, además se podría dejar otros 30 millones en viajes gratis para cualquier familiar, amigo o vecino de cualquiera de los 28.000 trabajadores del servicio de transporte. ¿Qué hacer en estos casos? Vamos a hacer un gran despliegue  informativo en Egipto, que cuando la gente vea lo que se cuece en otros paises, se olvidará de las propias miserias.

    Torres Chelsea