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  • Las dos caras de la mujer en el tren

    En una mañana común, a bordo de cualquier tren de cercanías o metro del área metropolitana de Londres, se producen cientos, miles, puede que decenas de miles de metamorfosis. Tantas como mujeres sin maquillar tomen el tren.

    El perfil, al menos de las que abundan en mi tren es muy parecido. Mujer de entre 20 y 40 años, con bolso caro y de asombrosa capacidad, iPhone y un café para llevar. Lógicamente si no han tenido tiempo de maquillarse en casa, mucho menos de desayunar. Si la mujer se encuentra próxima a la veintena aumentan las posibilidades de que también se haga las uñas a bordo. Si supera la cuarentena, el café para llevar viene hecho de casa y en un termo.

    De esta forma, conforme el tren se aproxima a su destino y desafiando con destreza extrema al traqueteo, las legañas dan paso al rímel, las ojeras al colorete y la boca seria al pintalabios. La mujer que baja del tren ya no es la misma que entró hace tan solo unos minutos.

    Esta entrada es para todas esas mujeres que inexplicablemente, en medio del vaivén del tren, no se han sacado todavía el ojo con el bastoncillo del rímel. También para las que me aturden a menudo con el olor del esmalte de uñas. Si tuviera la mitad de valor que ellas, me afeitaba de camino al trabajo.

    2caras

  • El commuter

    Como ya expliqué en el artículo sobre el zorro del metro, el commuting es un término muy común en Londres y define el trayecto habitual, generalmente en transporte público, entre el hogar y el lugar de trabajo. Commuter es, por lo tanto, la persona que hace commuting, es decir, todo londinense que se dirige hacia su puesto de trabajo o estudio por las mañanas o de vuelta a casa por las tardes.

    Leía ayer al amigo Calvanki y su reflexión sobre las relaciones humanas en Londres, en la que cuenta una anécdota sucedida en el metro, cuando una abuela pregunta a los commuters si se encuentra en la línea correcta y éstos tardan varios segundos en reaccionar.

    Llevo un tiempo observando este comportamiento, este retardo social en los vagones y autobuses de la capital que yo llamo “Autismo del Transporte” o A.T. Es un fenómeno por el cual, los commuters, se aislan en su libro-periódico-kindle-móvil-mp3 durante todo su viaje. Cuando el sujeto se encuentra en ese “trance” no quiere ser molestado y no se relaciona verbalmente con ningún otro ser humano (a excepción de los consabidos sorries en caso de colisión, pisotón u otro suceso de invasión del espacio físico interpersonal).

    Por lo tanto cuando una persona, en este caso una abuela octogenaria ajena al síndorme A.T., rompe la armonía autística y demanda interacción por parte de los individuos en “trance”, éstos tienden a permanecer en shock durante unos segundos hasta ser capaces de salir de su estado abstraído, pausar el mp3, finalizar el párrafo en sus libros, periódicos o kindles y recuperar sus habilidades sociales, en caso de tenerlas.

    Eating on the London Underground

    La foto, como no, es de Annie Mole, la reina del metro de Londres.

  • Bebe con moderación, pero bebe

    El transporte gratuito en Londres durante la Nochevieja es ya tan tradicional como esos calcetines rojos que cuelgan sobre la inexistente chimenea o el mensaje del Rey en España, que este año debería ser un breve “Me llena de orgullo y satisfacción decir que estamos jodidos”.

    Como cada año, el Alcalde y la TFL, presentaron al espónsor que correrá con los gastos del transporte entre las 23:45 del 31 de diciembre y las 4:30 del 1 de enero. Tras el polémico patrocinio del año pasado, con los préstamos sangrantes de Wonga, este año han apostado por lo seguro. Saltándose su propia prohibición de anunciar alcohol de 2008, al menos de manera indirecta, han firmado un contrato para los próximos 3 años con Diageo.

    Diageo es el mayor productor global de bebidas alcohólicas del mundo (está detrás de marcas como Smirnoff, Johnnie Walker, Guinness o Baileys) y, paradojas de la vida, viene a anunciarnos que esa noche bebamos con moderación. Al parecer, incluso se repartirán botellas de agua en las estaciones céntricas para que la gente tenga un saludable retorno a sus casa tras haberse bebido suficientes gintonics como para tumbar a Massiel.

    En mi opinión es todo un ejemplo de campaña hipócrita, porque al fín y al cabo el dinero para financiar el transporte ¿de dónde sale?. Del agua seguro que no. Como si Marlboro patrocinase trasplantes de pulmón regalando ceniceros o la Asociación de Fabricantes de Longaniza de Graus esponsorizase el movimiento anticolesterol dando yogures por la calle. Pero aún con todo, me parece mejor opción que la del año pasado…

    Anuncio DiageoFoto de Annie Mole

  • El transporte sube olímpicamente

    La TFL, fiel a su cita anual, volverá a subir todas sus tarifas de metro y bus a comienzos del año próximo. Tras haber recaudado 136 millones del Gobierno para “contener la subida”, “solo” se incrementará una media de 5,6%, algo superior al aumento del IPC. Claro que esa media es totalmente engañosa y el incremento es bastante mayor en los trayectos más habituales.

    Un trayecto en metro de zona 1 a 2, pasará de costar 4 libras a 4,30 o de 1,90 a 2 libras si pagas con la tarjeta Oyster. La travelcard semanal de zonas 1 y 2 sube un 5,8% y se va ya hasta las 29,20 libras. El billete de autobús sube 10 céntimos o 5 para el pago con Oyster.

    El transporte londinense fue uno de los puntos débiles de la candidatura inglesa para los Juegos de 2012. Fue calificado como “obsoleto” en la evaluación del COI, pero a pesar de eso y de muchas otras pegas, Londres fue la candidatura elegida (gracias Alberto de Mónaco). ¿Qué se ha hecho desde aquella evaluación en 2004? Pues mejorar, no se ha mejorado mucho, pero el billete del bus ha pasado de costar 1 libra en 2004 a costar 2,30 el año que viene y el de metro zonas 1 a 4, de 3 a 5,30 libras.

    Cada vez queda menos para “sufrir” los Juegos Olímpicos de Londres, durante los cuales se prevé un total colapso de los transportes de la capital, y las medidas a tomar parecen ser el hacer el transporte inasequible para el bolsillo común y el recomendar a los londinenses que durante el mes olímpico se queden en sus casas sin molestar o cambien sus rutas habituales.

    Es un hecho cuando menos peculiar, que los precios de todo no hacen más que subir junto con los impuestos y al mismo tiempo los colectivos de trabajadores no cesan de protestar porque no les aumentan el sueldo y el Gobierno no para de recortar. Entonces, todas estas subidas, todo este dinero de más que pagamos, si no repercute en los trabajadores ni en mejoras de infraestructuras, ¿dónde narices va a parar? A mi solo se me ocurre una respuesta: aquí hay mucho hijoputa enriqueciéndose.

    UndergroundFoto de Alejandro Gutiérrez en la Galería Flickr de Guirilandia.