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¿Sequía en Londres?
Aunque en su día ya intenté secar algo su fama de ciudad húmeda a perpetuidad, la verdad es que esto no es el desierto de los Monegros y uno no espera que la obtención de agua vaya a ser un problema. Por algo aquí los parques tienen un tupido manto verde sin que asome ni un solo aspersor.
Sequía y Londres parecen 2 palabras poco proclives a reunirse, pero si lo hacen, como no, tenía que ser por Navidad. Hoy mismo, en un día en el a primera hora de la mañana ya me dado un buen remojón de camino a la estación, salta la noticia en la que Thames Water (la compañia que abastece de agua a media Inglaterra) advierte a sus clientes que cierren el grifo o se verán obligados a cerrarlo ellos el verano que viene.
Según dicen, 15 de los últimos 19 meses han registrado precipitaciones por debajo de la media y recientemente se han visto obligados a utilizar las reservas de un acuífero subterráneo para abastecer Londres. Así que la solución está clara, pedir al Papa Noel, que aquí se hace llamar Father Christmas, una fría, gris y lluviosa Navidad que nos llene de regocijo, reuma y paz a todos los hombres de buena voluntad.
Foto de engo89 en la Galería Flickr de Guirilandia -
Puentes de Londres
Actualmente, cuando se habla de puentes en Londres, el Tower Bridge o Puente de la Torre se lleva siempre todos los elogios. Es el que sale en la peli de Sherlock Holmes, sus compuertas se levantan para que los autobuses salten sobre el río y es el objeto de deseo de todo turista con cámara. Pero no siempre fue así…
Hasta el siglo XVIII, el que mandaba sobre el río era el London Bridge, el Puente de Londres. Construido en época medieval, contaba con 19 estrechos arcos que convertían la corriente bajo el puente en temidos rápidos. Tenía una anchura de 8 metros, pero debido a que se permitía construir casas en él, tan sólo 4 metros eran transitables. Los comerciantes ocupaban dos metros a cada lado y otros tantos colgando precariamente sobre el río, con sus tiendas y casas que se levantaban hasta 7 plantas. Además estos edificios se juntaban en los pisos más altos convirtiendo el puente en un túnel. Apenas había un puñado de rincones a lo largo de todo el puente desde los que se podía ver el río.
600 años después y tras sobrevivir a incendios y pestes, el viejo Puente de Londres no pudo con el peor de sus enemigos: el tráfico. La congestión era un problema muy serio y, aunque se ordenó la demolición de todas las casas que lo abarrotaban, el puente seguía siendo muy estrecho, por lo que a finales del siglo XVII se convocó un concurso para diseñar uno nuevo. El nuevo puente tenía 15 metros de ancho, pero en seguida se quedó pequeño para soportar el tráfico de finales del siglo XIX, que era de 8000 personas a pie y 900 vehículos cada hora. Se amplió hasta los 20 metros, lo cual demostró ser demasiado pero para los cimientos y comenzó a hundirse poco a poco. Una vez más, hacía falta un puente nuevo.
Curiosamente consiguieron vender el viejo puente en 1968 a un emprendedor americano, que lo volvió a ensamblar en tierras más cálidas y ahora es la segunda atracción turística de Arizona tras el Cañón del Colorado. Las malas lenguas dicen que el ingénuo americano, al igual que otros muchos millones de turistas, confundió el London Bridge con el Tower Bridge y pensaba que lo que estaba comprando por 2.5 millones de dólares era ese magnífico puente levadizo con sus torres y todo y no un pesado puente en pleno hundimiento. Por supuesto tanto el comprador como los vendedores han negado siempre el hecho. Claro que aunque fuese verdad, ni el primero admitiría jamás haber sido tan pardillo, ni los segundos haber colado el timo de la estampita con un puente de 283 metros de largo.
Sobre el nuevo London Bridge que vemos hoy en día podríamos decir que… es ancho.
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Proyectos inútiles
La BBC ha desvelado hoy las últimas imágenes del nuevo y flamante proyecto inútil pendiente de aprobación en Londres. Se trata del London River Park, un parque flotante sobre el Támesis que, si consigue la aprobación en los próximos meses, podría estar listo a tiempo para los Juegos Olímpicos del año que viene.
Básicamente se trata de un paseo flotante de casi 1 kilómetro, dividido en dos tramos y anclado en la orilla norte, entre el Puente del Milenio y la Torre de Londres. Ante la escasez de suelo en el centro de Londres, ¿porqué no robárselo al río?, total llevamos años llenándolo de mierda y hasta ahora no se ha quejado. Además se le dará una durabilidad inicial de unos 5 años, para que si nos cansamos de verlo lo puedan hundir sin remordimientos y si tiene éxito puedan reinvertir otro dineral en acondicionarlo como colmena para turistas, al igual que la Noria Tragaperras.
De esta forma, el “parque flotador” se une a una larga lista de proyectos feos y poco interesantes que azotan la arquitectura londinense en los últimos años, como el teleférico a ninguna parte sobre el mismo Támesis o el andamio colorado de nombre Orbit Tower, que por desgracia ya está en plena construcción. ¿De verdad no hay nada mejor en lo que gastarse el dinero? ¿Es todo esto una simple maniobra para originar obras y así arrebatar a Benidorm el turismo de la tercera edad?
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Fiesta junto al río
Este fín de semana se celebra el Festival del Támesis, uno de los eventos más animados y divertidos de Londres. Como es lógico, toda la acción se sitúa alrededor del río, tanto en la orilla norte como en la orilla sur o en el mismo Támesis, durante el sábado y el domingo.
Son dos días de música en directo, actuaciones, chiringuitos, desfiles y fuegos artificiales. Aunque los fuegos ya os puedo decir que no merecen la pena. Me quedé a verlos hace un par de años y no valen un pimiento, no creo que con la crisis hayan mejorado.
También tienen multitud de actividades para niños y un multitudinario y luminoso carnaval nocturno el domingo por al noche, a modo de resaca del de Notting Hill. En caso de estar este fín de semana por el centro de Londres, creo que puede merecer la pena darse una vuelta por el Támesis…
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