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Ceremonia del té de las 5
Es algo por todos conocido. Al igual que en España a diario los hombres visten trajes de luces y las mujeres de lagarterana, los tipos ingleses llevan bombín y, pase lo que pase, toman té a las 5.
Tópicos aparte, no creo que haya costumbre más británica que la ceremonia del té o, al menos, eso es lo que la gente cree. En realidad en las islas británicas no habían oido hablar de él hasta 1661 cuando su rey, Carlos II, contrajo matrimonio con la infanta de Portugal, Catalina de Braganza. En aquella época, los portugueses, lo importaban de sus posesiones en Asia, que mantenían un importante comercio con China y Japón. La infanta se llevó a Londres media corte portuguesa y su refinada costumbre de tomar el té a las 5. También incorporó el uso del tenedor a las mesas británicas.
En Inglaterra aún se puede disfrutar de la ceremonia del “Afternoon tea” en muchos lugares. En Londres, los lugares más populares son los restaurantes de los hoteles de lujo, como el Palm Court, el Goring, el Ritz,… Los precios son bastante abusivos, pero es un capricho memorable.
Además de la lógica tetera, acompañada de leche y azucar, suelen servir unas bandejas a modo de tarta de bodas como la de la foto cargadas de sandwiches (de pepino, jamón, salmón, huevo,…). También suelen venir algunos pastelillos y hojaldres y, sobretodo, los tradicionales scones, que son una especie de bollos que se parten por la mitad y se untan con clotted cream (una nata muy espesa) y mermelada. Los podéis ver en la panta inferior en la foto.
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El mejor sandwich de Londres
En 2005, Ruth Reichl, una de las críticas gastronómicas más influyentes de los Estados Unidos, visitó Inglaterra para conocer sus virtudes culinarias. Como editora de la revista Gourmet, visitó y disfrutó de los restaurantes más exclusivos de Londres, repletos de estrellas Michelín y alejados de las posibilidades de los simples mortales. Pero la mayor sorpresa se la llevó paseando tranquilamente por el Borough Market con su hijo. Allí se detuvieron en uno de los muchos puestos que sirven comida y compró un sandwich de queso por 3 libras. Tras comérselo, y a pesar de estar llena, tuvo que pedir otro. Lo definió como “la mejor cosa” que había comido durante toda su visita.
El puesto se llama Kappacasein y el sandwich es de Montgomery cheddar rallado y gratinado con una mezcla de cebolla roja y blanca y una pizca de ajo. Sé que parece una mezcla arriesgada, sobretodo para el clásico español amante del bocata de chorizo de Pamplona con mortadela, pero las colas que se montan en ese puesto al mediodía no pueden ser casualidad, más aún considerando que hoy en día el sandwich cuesta ya 5 libras. Si aún así, la mezcla te sigue sin convencer, hay otro grande de los bocadillos a escasos metros, en el mismo Borough Market, el Brindisa. Una tienda de productos españoles en la que preparan unos bocadillos de chorizo con pimientos del piquillo que también suele traer cola.
Está claro que el panorama del sandwich ha cambiado mucho desde que, en el siglo 18, John Montagu, cuarto conde de Sandwich, decidiera pedirle a su mayordomo que le pusiera la carne entre dos trozos de pan porque no tenía tiempo de sentarse a cenar. Los tiempos del triste sandwich inglés de pepinillo con mostaza han quedado atrás y la crisis económica ha llevado el “arte del bocadillo” a su punto álgido.
Actualización: Kappacasein tiene ahora tienda diaria en Berdmonsey, pero también abre un puestecillo sirviendo sandwiches en el Borough Market, los jueves, viernes y sábados.
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Desde un pepinillo de 40 plantas
El Gherkin, es decir, “el pepinillo”, cuyo nombre oficial es “30 St. Mary Axe“, es sin duda uno de los rascacielos más emblemáticos de todo Londres. Diseñado por Norman Foster, se finalizó a finales de 2003 y se levanta hasta los 180 metros de altura en pleno corazón financiero de Londres. Ayer visité su cumbre…
Para acceder al edificio hay que identificarse y pasar por el escáner como en cualquier aeropuerto. En su planta 39 alberga un restaurante exclusivo, accesible sólo por miembros del Club Gherkin, del que puedes formar parte por el “módico” precio de 750 libras anuales.
Una planta más arriba, en la 40, está el bar, también de uso exclusivo para los trabajadores del edificio u otras caras conocidas. Y por encima de él nada más que cristal. Las vistas más impresionantes de la City en uno de los lugares más exclusivos y elitistas.
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El placer de la freidora
Este es el sugerente nombre, Fryer’s Delight, de uno de los establecimientos más conocidos de la ciudad donde degustar el plato insignia de la cocina británica, el fish and chips. Una receta sencilla pero muy querida por los ingleses, consistente en una generosa porción de pescado (generalmente bacalao o merluza) cubierto por un grueso y crujiente rebozado, con unas patatas fritas como acompañamiento y, a veces, con una especie de puré de guisantes a modo de salsa.
Al parecer, el lugar es muy popular entre los cabbies, es decir los taxistas londinenses, grandes consumidores de cualquier alimento cargado de grasa. Se encuentra en la zona de Holborn, a escasos 10 minutos andando del British Museum y sólo cierra los domingos. Desde luego no es el restaurante que yo recomendaría para una cena romántica o para cualquiera que tenga cierto aprecio por sus arterias, pero hay gente que viene de turismo y le hace ilusión probar el fish and chips…
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