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El Puente Enrollable
A simple vista no es más que una sencilla pasarela de acero y madera sobre uno de los canales situados al norte de Paddington. Pero en realidad se trata de, probablemente, el puente más original de Londres: El Rolling Bridge.
Para descubrir su peculiaridad es necesario verlo un viernes a las 12 del mediodía, que es la hora exacta en que el puente se enrolla de manera automática, encogiéndose en un octógono perfecto que nada tiene que ver con un puente.
El lugar no es fácil de encontrar, deberéis estudiaros bien el mapa, y sin duda es solo apto para amantes de la arquitectura o gente con mucho tiempo libre (los jubilados son bienvenidos). Aquí podéis ver el video completo del puente recogiéndose, pero advierto que son más de 2 minutos de lento encogimiento y que la música que le han añadido no lo hace precisamente más atractivo.
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Puentes de Londres
Actualmente, cuando se habla de puentes en Londres, el Tower Bridge o Puente de la Torre se lleva siempre todos los elogios. Es el que sale en la peli de Sherlock Holmes, sus compuertas se levantan para que los autobuses salten sobre el río y es el objeto de deseo de todo turista con cámara. Pero no siempre fue así…
Hasta el siglo XVIII, el que mandaba sobre el río era el London Bridge, el Puente de Londres. Construido en época medieval, contaba con 19 estrechos arcos que convertían la corriente bajo el puente en temidos rápidos. Tenía una anchura de 8 metros, pero debido a que se permitía construir casas en él, tan sólo 4 metros eran transitables. Los comerciantes ocupaban dos metros a cada lado y otros tantos colgando precariamente sobre el río, con sus tiendas y casas que se levantaban hasta 7 plantas. Además estos edificios se juntaban en los pisos más altos convirtiendo el puente en un túnel. Apenas había un puñado de rincones a lo largo de todo el puente desde los que se podía ver el río.
600 años después y tras sobrevivir a incendios y pestes, el viejo Puente de Londres no pudo con el peor de sus enemigos: el tráfico. La congestión era un problema muy serio y, aunque se ordenó la demolición de todas las casas que lo abarrotaban, el puente seguía siendo muy estrecho, por lo que a finales del siglo XVII se convocó un concurso para diseñar uno nuevo. El nuevo puente tenía 15 metros de ancho, pero en seguida se quedó pequeño para soportar el tráfico de finales del siglo XIX, que era de 8000 personas a pie y 900 vehículos cada hora. Se amplió hasta los 20 metros, lo cual demostró ser demasiado pero para los cimientos y comenzó a hundirse poco a poco. Una vez más, hacía falta un puente nuevo.
Curiosamente consiguieron vender el viejo puente en 1968 a un emprendedor americano, que lo volvió a ensamblar en tierras más cálidas y ahora es la segunda atracción turística de Arizona tras el Cañón del Colorado. Las malas lenguas dicen que el ingénuo americano, al igual que otros muchos millones de turistas, confundió el London Bridge con el Tower Bridge y pensaba que lo que estaba comprando por 2.5 millones de dólares era ese magnífico puente levadizo con sus torres y todo y no un pesado puente en pleno hundimiento. Por supuesto tanto el comprador como los vendedores han negado siempre el hecho. Claro que aunque fuese verdad, ni el primero admitiría jamás haber sido tan pardillo, ni los segundos haber colado el timo de la estampita con un puente de 283 metros de largo.
Sobre el nuevo London Bridge que vemos hoy en día podríamos decir que… es ancho.
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El autobús que saltó el Puente de la Torre
Hace un par de años, Robbie Maddison, saltaba con su moto sobre el Puente de la Torre con sus compuertas abiertas y haciendo un mortal. Saltar sobre el puente levadizo más famoso del mundo jugandose el pellejo es sin duda una gran azaña, pero no era el primero en hacerlo y, desde luego, no es ni de lejos el más temerario.
Corría una noche fría de invierno de 1952, concretamente el 28 de diciembre, cuando Albert Gunter conducía su autobús de dos plantas de la línea 78 hacia Dulwich. Al comenzar a cruzar el puente, algo falló y sintió que el suelo frente a él se hundía. No se hundía sino que la parte del puente sobre la que él circulaba empezaba a ascender. El puente se estaba abriendo. Sin tiempo para frenar y con el miedo a acabar en el Támesis, Albert tuvo que tomar una decisión. Aceleró.
Por supuesto no fue un salto como el de la peli de Speed en el que el autobús salta como una rana. Este fue real. El hueco apenas era de un metro en el momento del salto y el conductor consiguió superarlo llevando a sus 12 pasajeros sanos y salvos, aunque seguro que algo magullados, al otro lado. Albert Gunter no iba patrocinado por Red Bull, ni forma parte de los libros de historia. Simplemente recibió una recompensa de 10 libras por su valor, apenas el salario de una semana.
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El Tower Bridge y sus seis manos de pintura
Es, sin nigún lugar a duda, el puente más famoso de Londres y puede que de toda Europa. El nombre de Tower Bridge o Puente de la Torre proviene de su cercanía a la histórica Torre de Londres, aunque, a menudo, es confuncido con el nombre de London Bridge, que en realidad es el siguiente puente sobre el Támesis corriente arriba.
Tras 3 años encorsetado por los andamios, por fín han acabado las labores de restauración que se llevan a cabo cada 25 años. Han sido necesarias 6 manos de pintura, utilizando 22,000 litros de ese horripilante azul celeste, para que el mítico puente vuelve a lucir como nuevo.
La verdad es que 3 años y 4 millones de libras de presupuesto parecen demasiado, incluso considerando que la empresa encargada de los trabajos fuese española y les haya dicho eso de “aquí hay que sanear”. Pero hay que tener en cuenta que el puente ha seguido funcionando y que es una atracción turística muy visitada que abre 363 días al año, por lo que las reformas se hicieron intentando molestar lo menos posible.
De todas formas la obra ha sido totalmente financiada por la Bridge House Trust, una fundación que mantiene los 5 puentes de la City, así que para una vez que la pasta no sale del bolsillo del contribuyente, no nos vamos a quejar…
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