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  • Vuelta al albergue

    Ya me dejo de flashbacks y escribo sobre el día a día. Hoy he vuelto al puto albergue. Al Clink Hostel del que os hablaba en el primer post. Parece ser que voy a compartir habitación con un francés y una coreana. Si fuera un chiste, seguro que ganaba yo, el español.

    Puede que me arrepienta toda la vida, pero antes de esa habitación me habían propuesto meterme en una con 3 alemanas y la he rechazado. Seguro que ahora la mayoría pensareis: “serás gilipollas, maldito maricón!”. Pero la experiencia me dice que, las posibilidades de que eso hubiese terminando en orgía, son inexistentes; e incluso si las hubiese, 3 alemanas son muchas para mí, que no soy Alfredo Landa.

    Bueno voy a ver si veo la Fórmula 1 en algún sitio. A ver si a esta gente le mola Hamilton o no.

    Nota mental: mañana sin falta me compro un cortauñas, que se me olvidó echarlo al neceser y después de 10 días aqui, o me las corto de una vez o me las voy a tener que empezar a afilar en la moqueta como los gatos.

  • Más alojamientos de lujo

    Con el tema de la fiesta de Haloween los agujeros que aquí llaman “hotels” estaban bastante llenos, así que hace un par de días me tuve que cambiar de sitio. Dejé el Kings Hotel y me fui a 20 metros de éste, al Lisa Hotel. Al entrar al menos parecía algo menos tétrico, mi habitacíon era minúscula y sin baño, pero al menos era más o menos apañada. Pues cuando llegó la noche todo cambió. Está haciendo mucho frío estos días, e incluso una noche llegó a nevar durante un par de horas, lo que aqui es muy raro en esta época. Pues al acostarme descubro que la ventana esta rota y que entra un viento helador justo al lado de la cama. Bajo a recepción y se lo digo a un negraco de 2×2 que hay allí. El tío lo único que me ofrece es un radiador eléctrico, pero bueno con el cacharro ese a toda leche consigo dormirme. Además como me pego todo el día pateando la ciudad, no suelo tener problemas para conciliar le sueño.

    Al día siguiente en lugar de arreglar la ventana, lo único que me encuentro es un radiador mejor, que al menos no mete ruido y algo de celo precintando la ventana. Me vale, a estas alturas ya no exijo mucho. Me como un sandwich de jamón serrano que he traido de casa y me echo a sobar. Pero a las 5 o las 6 de la mañana me despierta un ruido de bolsas que había dejado en el suelo junto con un “hihihihihi”. Mierda! no puede ser… Las ratas han olido el jamón, han conseguido entrar en la bolsa y se han papeado al menos 2 lonchas.

    Bolsa agujereada por ratones

    Bolsa agujereada por ratones

    Y además no han sido nada tontas, que en la bolsa también había un paquete de pan bimbo y se han pillado algo para acompañar. Joder si llego a tener también un tomate, habría pensado que se trataba de ratones catalanes preparándose un “pa amb tomàquet” de puta madre.

    Un poco de pan para empujar

    Un poco de pan para empujar

  • Primeros días

    Al final los australianos resultaron ser bastante majetes. Al día siguiente estuvimos comentando la jugada y echando unas risas, pero claro su concepto del viaje y el mío eran muy diferentes. Ellos llevaban aqui 15 días y lo único que habían hecho era emborracharse a diario.

    A los dos días se fueron y vinieron 3 españoles durante una única noche a los que casi no ví. Después coincidí con 3 irlandeses igual de borrachos que los australianos, pero mucho más malolientes y sobre todo antipáticos. Casí no hablé con ellos más que para cagarme en sus muertos cada noche por lo que roncaban.

    Estuve tan a gusto con ellos, que decidí largarme del albergue y buscarme una habitación individual aunque tuviera que pagar bastante más. Me metí durante 3 días en el Kings Hotel, también por la zona de King’s Cross, donde hay un montón de “hoteles” tipo bed and breakfast, pero que en España no llegarían ni a la categoría de “antro”. Tuve que subir mis dos maletones por unas escaleras crujientes hasta la tercera planta, donde estaba mi habitación, que para sorpresa mía no era demasiado cutre. Tenía su propio baño y todo, lo que en este país es casi un lujo. Eso sí, a 45 libras la noche, más del doble de lo que me costaba el albergue.

  • Llegada a Londres

    Hola a todos y todas, después de 10 días vagando por Londres, voy a comenzar el blog que quería haber escrito desde el primer día, pero que por unas cosas u otras no he tenido tiempo ni ganas de empezar.

    Llegué a Londres el miércoles 22 de Octubre, aunque en realidad era ya jueves ya que a lo que llegué al albergue eran las 2 de la mañana. El albergue que elegí para las primeras noches es el Clink Hostel www.clinkhostel.com, que está situado a 5 minutos de la estación de King’s Cross. Había leido algún comentario acerca de que era un buen albergue para gente como yo, que venia a buscar casa y trabajo. Pues no hagáis ni puto caso a esos comentarios. Es un albergue como todos, lleno de gente joven, sin un duro y con ganas de emborracharse todos los días.

    Yo llegué a las 2 de la mañana todo preocupado porque podía despertar a mis compañeros de habitación (a 4 bed room) y al llegar me encontré con un agujero de unos 7 metros cuadrados, con 4 literas y con cosas, ropa y pelos por todas partes. Me hice mi cama y me metí a sobar, o al menos a intentarlo.

    A la media hora, llegó un australiano bastante cocido, nos presentamos y tal y me dijo que había dejado a otros dos colegas en el bar del albergue mucho más jodidos que él. Los amigos no se hicieron esperar. En efecto llevaban una buena torrija y uno de ellos venía además acompañado de una inglesa pechugona y algo entrada en carnes. Al parecer me he metido en la cama del que pretende zumbarse a la tetona. Le digo que es la cama que me han dado y tal, nos presentamos y esas cosas. A la inglesa no parece importarle mucho que haya 4 tíos en un espacio de 7 metros cuadrados donde se la pretenden trinchar, pero dice que se va al baño durante un par de minutos para que nos apañemos.

    En fín, que todo se resolvió de la siguiente manera: el primer australiano y yo, nos dimos media vuelta e intentamos dormir (él lo tenia más facil por la merluza que llevaba), el segundo aussie se fue a seguir bebiendo y el australiano que vino acompañado, se preparó la litera de encima mio y se zumbó a la inglesita con fuertes jadeos y no menos movimiento de litera.

    Sí, eso mismo pensé yo: “Empezamos bien…”