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  • Comida exótica que no lo es

    Está claro que la cocina británica no está entre las más destacadas del mundo, pero hay que diferenciar entre los platos típicos británicos como el Cottage Pie, el Sunday Roast o el Fish and Chips y la comida que se sirve en Londres, donde hay muy buenos restaurantes de todos los tipos y presupuestos. No es casualidad que haya 65 estrellas michelín repartidas por toda la ciudad.

    La escasez de recetas de calidad propias y la fuerte inmigración procedente de Asia que ha habido desde hace décadas, ha convertido la comida exótica tailandesa, japonesa, china o libanesa, en platos del día a día de todo británico que abarrotan las estanterías de cualquier supermercado. Incluso hay recetas, como el Tikka Masala, un clásico de la cocina asiática que al parecer fue creado en una cocina de Glasgow por inmigrantes intentando adaptar sus recetas al sensible paladar europeo. Hoy en día es uno de los platos más populares y es considerado casi un plato nacional en el Reino Unido.

    En mi caso, que como en el trabajo todos los días y merodeo por la City en busca de alimento, es habitual que coma un par de días algo tailandés, otro día sushi, al siguiente noodles y al otro katsu curry. Las recetas exóticas, en el día a día de Londres, dejan de serlo. Al igual que tu comes hoy una fabada asturiana para entrar en calor, yo lo hago con un panang curry.

    comida tailandesa

  • Y el hummus conquistó Gran Bretaña

    En las ultimas dos décadas, el hummus ha pasado de ser un aperitivo de 4 hippies bohemios a convertirse en el producto estrella de todo supermercado británico. La sencilla receta, proveniente de la cocina de Oriente Próximo, consiste en puré de garbanzos y semillas de sésamo, aceite de oliva, un poco de limón, ajo y sal. Es rico en hierro y vitamina C, además de ser una importante fuente de proteínas, lo cual lo convierte en un alimento perfecto para vegetarianos. Pero su punto fuerte es que, no conozco a nadie al que no le guste.

    Mojando pan de pita, zanahorias, pepinos, pimientos, doritos o el mismo dedo, cada año, los británicos se empapuzan con 12,000 toneladas de este producto, en un negocio que mueve 60 millones de libras anuales. Hay cadenas de restaurantes dedicados exclusivamente a esta pasta de garbanzos y en cualquier fiesta o ágape que se precie debe haber al menos un cuenco con hummus, al igual que en España siempre hay unas mediasnoches con jamón de york.

    En una cocina tan escasa de recetas propias y con tanta influencia multicultural, se adoptan platos de cualquier rincón y se nacionalizan adaptándolos al paladar inglés. De esta forma, el chilli con carne, la paella, los espagueti boloñesa o el propio hummus, no son ya recetas exóticas sino productos comunes del día a día britanico, que poco o nada tienen que ver con lo que te sirven en Texas, en la Manga, en Bolonia o en Jerusalem.

    Los supermercados crean sus propias variantes, lo empaquetan, lo plastifican y de esa forma, solo Tesco vende 30 millones de tarrinas anuales de sus 21 variedades de hummus o houmous, como ustedes prefieran.

    hummus

  • Cottage pie vs Shepherds’ pie

    Hay pocos platos tan británicos como el Cottage Pie, una receta que nació, probablemente hace siglos, de la improvisación. Concretamente de la necesidad de hacer algo con las sobras del Sunday Roast.

    Hay muchos tipos y en cada casa se cocina de una forma diferente, pero básicamente se trata de una base de carne picada, con cebolla, zanahoria, guisantes o lo que quieras, cubierta por una corteza de puré de patata. Durante el siglo XIX se comenzó a llamar Shepherdspie (pastel del pastor) a la variedad hecha con cordero, mientras que la denominación cottage (casita de campo) quedaba reservada a la receta con carne de vacuno.

    Buscad la receta por Internet, que esto no es programa del Arguiñano, y a ver si os sale tan bueno como el de mi señora…

    Cottage Pie

  • Test de ciudadanía británica

    La verdad es que para un español, conseguir el pasaporte británico es prácticamente irrelevante, salvo que tu objetivo en la vida sea convertirte en súbdito de la reina y poder vestir trajes de tweed. Pero para según que nacionalidades puede suponer la puerta de entrada a toda la Unión Europea, que aunque actualmente se encuentra moribunda, sigue siendo objeto de deseo de muchos emigrantes.

    Como es habitual en este país, lo primero es pasar por caja. El proceso de solicitud de la ciudadanía británica cuesta 655 libras más otras 80 de la ceremonia. Por ese precio y rodilla en tierra, debe ser la propia Reina, espada en mano, la encargada de otorgártela. Además también hay que cumplir los clásicos requisitos de llevar más de 5 años residiendo en las Islas, ser un niño bueno, tener un nivel de inglés decente que no sea el de la ESO y pasar un test de Britishness, es decir, comprobar tu nivel de “Britanización” o conocimiento sobre la vida y cultura británica.

    Podéis encontrar un ejemplo de este tipo de tests en esta web, en la que te hacen 25 preguntas tipo test y tienes 45 minutos para contestar correctamente al menos un 75% de ellas. Yo lo acabo de hacer y, por supuesto, no he aprobado. Me he quedado en un miserable 54%, aunque eso en mis tiempos de universitario era un aprobado memorable y motivo de celebración. Esta claro que no estoy listo para ser británico, aún estoy muy verde. Ni paso el test, ni llevo 5 años viviendo aquí y, ante todo, no soy tan imbécil como para soltar las casi 800 libras que cuesta la broma…
    Wellies Wellies de Kel :3 en la galería Flickr de Guirilandia