La Abadía de Westminster
Debo de admitir, colorado de vergüenza, que después de tres años en Londres aún no he visitado la Abadía de Westminster. Estas cosas pasan. Estoy seguro de que hay más de un parisino que solo conoce Notre Dame por fuera e incluso algún barcelonés que no ha pisado la Sagrada Familia. A mi personalmente me repatea tener que pagar 16 libras por entrar en una iglesia, que en teoría debería ser el lugar más abierto al público de una ciudad. La Cienciología tendrá fama de secta sacaperras, pero al menos no te cobran un duro por visitar su Iglesia. De todas formas, la famosa abadía debía aparecer antes o después en Guirilandia, así que, aprovechando la vista turística de mi amigo David a Londres, lo envié para allá como cronista guiri, sin los costes pagados, por supuesto.
Se construyó en el siglo XI bajo el reinado de Eduardo el Confesor y fue consagrada en 1065. La tradición cuenta que se construyó sobre un pequeño santuario edificado en el año 616 llamado Thorney Island, fundado cuando un pescador del Támesis tuvo una visión de San Pedro. La Abadía original era de estilo románico pero entre los siglos XIII y XVI se reconstruyó en estilo gótico. En 1534, la Abadía estuvo sitiada por Enrique VIII y en 1550 se convirtió en Catedral. La expresión inglesa “Robbing Peter to pay Paul“, original de esta época, es atribuida a cuando el dinero que estaba destinado a la Abadía (dedicada a San Pedro) se destinó al tesoro de la Catedral de San Pablo.
En su interior hay siempre más muertos que vivos, ya que hay numerosas tumbas de reyes y nobles, así como de escritores y científicos que pasaron a la posteridad, como Charles Dickens, Lord Byron, Isaac Newton o Charles Darwin.
Cada hora se interrumpen las visitas por megafonía para realizar una oración común de un minuto y todos los días menos los Miércoles se puede escuchar el coro en vivo. El único fallo de mi enviado especial es que, a pesar de mis claras instrucciones al respecto, le resultó imposible hacer fotografías en el interior, gracias al ejército de togas rojas, azules o verdes que se abalanzan sobre los turistas con cámara para recordarles que no se permite hacer fotos.
Comida en la Cripta
Aprovecho la tregua de hoy en la búsqueda del mejor takeaway de la City, a causa de un tupper con unas magníficas albóndigas de ayer, para comentar el peculiar restaurante donde compré mi comida ayer. Es peculiar, primero porque se encuentra ubicado en la cripta de la Iglesia de St. Mary-le-Bow, pero sobre todo porque allí se sirve comida caliente, casera, buena y a buen precio, lo cual es difícil de encontrar en el ajetreado distrito financiero.
El lugar en cuestión se llama Café Below, es decir, el café de abajo, y durante los últimos 20 años ha ofrecido un menú diferente cada día, a elegir entre platos vegetarianos, carnes, pescados, ensaladas e incluso postres. En su página web se puede consultar el menú del día y reservar mesa.
La única pega que evita que se haya convertido automáticamente en mi sitio favorito es que el precio, aún siendo bueno para una comida de vez en cuando, no lo es tanto para el día a día. Se escapa un poco de la media de 5 libras que suele haber en la mayoría de los sitios por un takeaway. Sirven sandwiches por 5 libras, pero el plato de comida caliente se va hasta las 6, 7 e incluso 8 libras (2 libras más si queréis mesa).
El Armario del Rey
En alguna de las últimas peregrinaciones hacia los pubs que rodean la catedral de St. paul’s, nos topamos con una curiosa iglesia que no terminaba de parecer una iglesia, envuelta como estaba por las estrechas callejuelas y pasadizos de la City londinense. Al descubrir la entrada principal con el nombre la cosa quedó clara, o quizás no tanto. St. Andrew by the Wardrobe se llama, es decir, San Andrés junto al Armario. Viniendo de donde vengo, donde la Catedral está dedicada a una Virgen junto a un Pilar, no soy quien para hacer coñas, pero hay que reconocer que el nombre de la iglesia se las trae.
La iglesia en sí no es gran cosa ya que, como otras 50 iglesias de la City, fue destruida en el Gran Incendio de 1666 y reconstruida después por Sir Christopher Wren sin mucho empeño. Para colmo, también fue arrasada por los bombarderos nazis por lo que su última remodelación fue en 1961. Lo más destacable es el hecho de que fue Shakespeare fue uno de sus parroquianos.
¿Pero a qué se debe la aparición de un armario o ropero junto al nombre de San Andrés? Al parecer, en 1361 el Rey Eduardo III decidió mover su Amario Real desde la Torre de Londres a un edificio justo al norte de la iglesia. Conocido como el “Great Wardrobe“, contenía las lujosas ropas ceremoniales de la realeza, es decir, los gayumbos del Rey. Pero tampoco se libró de las llamas en 1666 y nunca más se volvió a construir.
Hoy en día, tan solo queda una de esas plaquitas azules recordando el lugar en una bonita y aislada plazoleta, tomada por los malditos estate agents, los agentes inmobiliarios.
Canterbury
Canterbury, en el condado de Kent, al sureste de Londres, es una pequeña localidad que vive a la sombra de su famosísima Catedral. En apenas una hora se puede llegar en tren desde la estación de St. Pancras en el centro de Londres, por lo que se puede visitar en el día sin ningún problema.
La verdad es que, al margen de la Catedral, no tiene mucho más, pero se trata de una de las más antiguas y conocidas construcciones crisitianas de Inglaterra, aunque tras la intervención de Enrique VIII pasó a ser la principal sede de la Iglesia Anglicana.
Cuando aún era cristiana, en el siglo 12, se convirtió en un importante punto de peregrinaje tras el asesinato en su interior del Arzobispo, Thomas Becket. Seguro que a los que hayáis leido Los Pilares de la Tierra os suena la historia, ya que Ken Follet se ajustó bastante a la realidad.
En fín, ahí os dejo mi video… Si queréis comer por allí tenéis un restaurante bastante majete en Best Lane, el Olive Grove, con comida italiana, marroquí y libanesa.
Canterbury from Jorge Ruiz on Vimeo.
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