Dirty Dick’s
El Dirty Dick’s es un pub que salta a la vista, nada más salir de la estación de Liverpool Street, por su letrero luminoso y su peculiar nombre (hay que tener en cuenta que Dick además de un nombre significa también “pija” y Dirty es sucio).
El original “Dick el sucio” se remonta a mediados del siglo 18 y era un próspero mercader de la ciudad, Nathaniel Bentley, dueño de un almacen situado donde ahora se situa el pub. Al parecer, el tipo era todo un dandy, pero en la víspera de su boda, con toda la comida preparada, su prometida falleció repentinamente, a raíz de lo cual, el pobre hombre se negó a limpiar absolutamente nada o a volver a lavarse jamás. El almacén era tan asqueroso que fue cogiendo fama en la ciudad. Cualquier carta dirigida a el “Almacén sucio en Londres” le era remitida a él.
Hasta hace unos años, en el pub que hoy ocupa ese lugar, todavía se podían ver los restos de telarañas, gatos muertos y demás porquerías en el sótano. Ahora parece que aún se pueden ver algunos restos detrás de un cristal, pero yo no vi nada la última vez que me pasé por allá, puede que en la planta de abajo que yo no vi. Lo que sí que sufrí fue la música maquinera espantosa con la que me deleitaron y que no pinta nada en un típico pub inglés con tanta historia a sus espaldas.
Hever Castle
El castillo de Hever, situado en el condado de Kent, al sureste de Londres, data del año 1270, pero el dato relevante viene cuando en 1462 Geoffrey Boleyn compra la propiedad y la convierte en un auténtico castillo. Es el dato relevante, porque el bueno de Geoffrey resultará ser el tatarabuelo de Ana Bolena (Anne Boleyn), la segunda mujer del rey Enrique VIII.
Ana Bolena pasó la mayor parte de su infancia en Hever Castle, hasta que se casó con Enrique VIII, quien más tarde acabaría tomando posesión del castillo, tras decapitar a su esposa y morir el padre de ésta. Pero le duraría muy poco, ya que un año después se lo otorgaría a su cuarta esposa, Ana de Cleves (entre medio había muerto la tercera, Juana Seymour), como parte de su acuerdo de separación.
Esta claro que historia no le falta al castillo de Hever y en su interior se puede visitar el dormitorio donde el rey Enrique VIII solía dormir cuando estaba de visita. Pero lo más impresionante es su exterior, con 3 laberintos diferentes, un lago enorme con embarcadero, su jardín italiano, su jardín de rosas,… y todo ello cuidado y conservado como sólo los ingleses saben cuidar este tipo de cosas.
Es un sitio familiar, repleto de críos, donde pasar todo el día siempre y cuando haga buen tiempo. Además dispone de cafetería, restaurante, invernadero, etc. La pega es que, a pesar de encontrarse muy cerca de Londres, hace falta coche para llegar allí. Si no os apetece acercaros puede que con este video os sea suficiente…
Hever Castle from Jorge Ruiz on Vimeo.
St. Dunstan in the East
St. Dunstan nunca fue una iglesia con suerte. Construida alrededor del año 1100 en pleno corazón de Londres, a medio camino entre el London Bridge y la Torre de Londres, sufrió graves daños en el gran incendio de 1666. Como no, Sir Christopher Wren se encargó de recontruirla, junto con otras 50 iglesias afectadas por el fuego, incluyendo la propia catedral de St. Paul’s.
A principios del siglo 19 la iglesia se encontraba en un estado lamentable y fue reconstruida de nuevo pero conservando el campanario que Wren había diseñado. Por desgracia, durante la segunda guerra mundial, St. Dunstan fue seriamente dañada durante los bombardeos alemanes y la Iglesia Anglicana decidió no volver a restaurarla.
En 1971, las ruinas de la iglesia se abrieron al público como jardín público. La torre de Wren y la mayoría de sus muros se mantienen intactos y en su interior, a cielo descubierto, podemos encontrar uno de los lugares más bonitos e impresionantes de la City, un auténtico oasis de paz y vegetación en medio de los rascacielos y oficinas.
Quién se acostará con quién?
Ayer se montó un buen jaleo al cierre de las Polling Stations (aquí son estaciones, no colegios electorales). En teoría cerraban a las 10 de la noche pero a esas horas en varios lugares se registraban largas colas de gente aún esperando para votar, aunque perfectamente podían estar allí para pasar el rato, porque lo de hacer cola en este país es un deporte nacional, pero eso lo hablaremos otro día. El caso es que las votaciones fueron un poco de república bananera: en ciertos sitios hicieron corto de papeletas, en otros tuvieron que llamar a la benemérita,… En fín, que con todo esto y el método prehistórico de recuento de votos, a estas horas aún no hay un resultado definitivo.
La Cámara de lo Comunes Británica está formada por 646 escaños (por eso se les ve tan juntitos en las imágenes de la tele, ya podrían aligerar un poco la sala de personal), por lo que hacen falta 326 para gobernar en mayoría. Según los últimos datos, los conservadores tendrían 305 asientos, los laboristas 258 y los Liberales Democráticos 57. Es decir, la gente ya no aguanta a Gordon Brown ni un minuto más, pero a pesar de odiarlo no han podido dar el voto mayoritario a Cameron porque tampoco hay quien lo trague y todavía escuecen los cerca de 20 años de gobierno tory de la Tatcher y compañia. Además, la gran decepción ha sido el fracaso de los Liberales Democráticos de Nick Clegg, que en las encuestas previas parecía poder ser una alternativa real al bipartidismo y se ha quedado simplemente en la puta que, acostándose con uno o con otro, podría gobernar en coalición.
Cameron no ha tardado en hacerle una proposición, cuando menos indecente, al partido de Clegg, proponiéndole: “Una gran, abierta y comprensiva oferta”. A vosotros no sé, pero a mi me han dado náuseas…
Lo más interesante del tema es que por ley (sí, una de estas leyes estúpidas británias) la Reina es la única que puede invitar a alguien a formar gobierno. Los convencionalismos históricos la obligan a elegir al candidato que cuenta con la mayor confianza de la Cámara de los Comunes, pero si la cosa está dudosa y ese día a la señora se le ha ido un poco la mano con la ginebra, podemos encontrarnos con cualquier cosa.
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