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  • Una pinta por Charles Dickens

    Seguimos con los grandes aniversarios en Guirilandia. Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Dickens, sin duda uno de los escritores más importantes e icónicos de la literatura inglesa y responsable de personajes universalmente conocidos, como Oliver Twist, Scrooge o David Copperfield.

    La mejor forma de celebrarlo es ir a cualquiera de “sus pubs” y tomarse una, o las que sean, a su salud. Londres está repleto de lugares que dicen ser “el favorito del escritor” y, aunque estoy seguro de que en muchos de ellos apenas puso un pie, hay otros que visitaba con frecuencia y que incluso aparecen en sus libros.

    El mítico Ye Olde Cheshire Cheese, era uno de sus favoritos y aparece en “Historia de dos cuidades”. Allí, con ayuda de su atmósfera lúgubre, habría creado sus personajes más oscuros.

    En Limehouse, al este de Londres, un pub llamado The Grapes es de los mejores ejemplos dickensianos de la ciudad. Al parecer sirvió de inspiración para crear el lugar llamado The Six Jolly Fellowship Porters que aparece en “Nuestro común amigo”, con inmejorables vistas sobre el Támesis, que tan importante es en la obra de Dickens.

    The Boot, aparece descrito en “Barnaby Rudge” como “situado en los campos detrás del hospital Foundling; un lugar muy solitario en esa época y bastante desierto al anochecer”. Hoy en día no parece tan solitario, teniendo en cuenta que está en Kings Cross, pero aún conserva todo su carácter.

    Podríamos seguir nombrando pubs relacionados con el escritor, como el George Inn o incluso el Lamb and Flag y el Dickens Inn, que tienen ya su rincón particular en este blog, pero eso ya lo dejamos para el 300 aniversario, que por hoy ya vale.

    Dickens dream

  • Las cuadras de los ricos

    El término mews originalmente era utilizado como nombre del edificio donde se mantenían los halcones para la caza. En Londres, en el siglo XIV, se creó el Royal Mews junto a Charing Cross para que la familia real se entretuviese con la cetrería.

    Cuando el lugar se transformó en establo Real se mantuvo el nombre y de ahí el término dio el salto para denominar también esas pequeñas calles de servicio detrás de las casas adineradas del Londres del siglo XVIII y XIX.

    Normalmente estos callejones sin salida de suelos adoquinados, tenían casas de dos plantas a cada lado, donde la planta inferior alojaba los caballos y carruajes y la superior los dormitorios de los mozos de cuadra. La situación de estos mews detrás de los bloques de viviendas victorianas era perfecta ya que mantenía el olor a cuadra lejos de las refinadas narices de la burguesía de Belgravia, Chelsea o Mayfair.

    Un par de siglos después la situación ha cambiado sustancialmente, un buen número de aquellas casas señoriales aún lo siguen siendo, pero la mayoría han sido parceladas hasta la saciedad creando cientos de pisos, mientras que las antiguas cuadras son ahora el refugio de la élite, que sigue así manteniendo a salvo sus refinadas narices.

    mews

     

  • Londres sin construir: Torres

    Londres tiene un gran número de construcciones emblemáticas, históricas  y mundialmente conocidas, pero hay ciertos proyectos que podrían haber llegado a convertirse en símbolos de la arquitectura y que, por diferentes motivos, se quedaron simplemente en eso, en proyectos. Es el caso de estas torres, que pudieron dominar el cielo londinense pero se quedaron en simples trazos en papel o en la memoria de unos cuantos ancianos.

    Torre Cristal PalaceLa Torre del Crystal Palace. Cuando a finales de 1851 se decidió mover el magnífico Crystal Palace de su ubicación original en Hyde Park y, más de medio siglo antes de que los americanos contemplasen la idea de los rascacielos, un arquitecto británico llamado Burton, propuso volver a ensamblar la estructura en un impresionante obelisco de cristal y acero de más de 300 metros de altura y 50 plantas. Por supuesto la idea, tan futurista como descabellada para la época, se quedó en un simple boceto. Curiosamente hoy se cumple el 75 aniversario de la destrucción del Crystal Palace. De haberse llevado a cabo la construcción de esta torre, no creo que hubiese durado tanto…

    La Torre de Wembley. Tras la exposición universal de Paris en 1889, los británicos se morían de envidia por tener su propia torre Eiffel. Sir Edward Watkin, presidente del ferrocarril metropolitano londinense, decide construir un nuevo icono arquitectónico que atraiga a las masas a la frontera noroeste de Londres donde acaba de llegar con sus trenes. Organiza un concurso al que invita al propio Gustave Eiffel, que sabiamente declina participar, y al final es el británico Benjamin Baker el que se lleva el contrato con una enorme torre de 8 patas y 353 metros. Hay que aclarar que Baker ya estaba construyendo una torre similar en Blackpool, que aún hoy en día es el mayor atractivo de la ciudad, pero que se quedaba en 158 metros (la mitad que la torre parisina). Se había convertido por tanto en una simple cuestión de ver quién la tenía más grande.

    El diseño original de 8 apoyos se modificó a 4 para abaratar costes, lo cual incrementó considerablemente el peso en cada pata, provocando el hundimiento y la inestabilidad de la estructura cuando apenas se levantaba 50 metros del suelo. En 1907 se terminó su derribo y unos años más tarde se utilizaría ese mismo terreno para construir el mítico Estadio de Wembley. Cuando hace 10 años se construyó el nuevo estadio, todavía encontraron restos de los cimientos del llamado “Capricho de Watkin”. La imágen está sacada del archivo del Ayuntamiento de Brent.

    Torre Wembley

    La Torre Imperial Monument. En 1904 había cierta preocupación por parte del clero por la aglomeración de monumentos en la Abadía de Westminster. En esa época la euforia imperial Británica era desmedida así que la solución tenía que ir en consonacia. El arquitecto de la propia diócesis, John Pollard Seddon, propuso un enorme complejo contiguo a la Abadía, en el que pudiesen situar todos los monumentos, coronado por una inmensa torre de 168 metros que dejaría en ridículo al propio Big Ben (que no llega a los 100 metros de altura). Un centro “propio de la metrópolis del Imperio, donde nunca se pone el Sol”. La imposibilidad de financiar semejante proyecto detuvo en seco sus delirios de grandeza.

    Torre Imperial

    La Torre de Selfridges. Los legendarios almacenes Selfridges, en Oxford Street, se construyeron por fases y fueron abiertos al público allá por 1909. Pero en su fase final, estaba proyectado y aprobado por el mismo H. Gordon Selfridge, construir sobre el actual edificio esta monstruosa y desproporcionada torre, que nunca se llevó a cabo.

    Torre Selfbridges

    Hay muchos otros proyectos que se quedaron en el limbo arquitectónico. Como un gigantesco mausoleo en forma de pirámide en pleno Primrose Hill que debía alojar hasta 5 millones de tumbas o una torre de 300 metros para conmemorar la reforma electoral de 1832. Pero ya vale de torres por hoy…

  • Consumismo devorando Capitalismo

    El Royal Exchange, en la City, fue fundado en 1565 por Sir Thomas Gresham para actuar como centro del comercio de la ciudad. Sin duda uno de los primeros templos al Capitalismo, con un espacioso trading floor en el medio (lo que en español se conoce como parqué), donde los comerciantes y mercaderes negociaban, rodeado por varios niveles de oficinas y tiendas.

    Situado frente a la estación de Bank y encajado entre las campechanas calles de Conrhill y Threadneedle (Colina del maíz y aguja e hilo), es a menudo confundido por los turistas con el Banco de Inglaterra, que en realidad es el edificio, algo menos impresionante, situado a la izquierda.

    Como todo en esta zona de la ciudad, el Royal Exchange se ha calcinado un par de veces, y el edificio actual y su impresionante fachada Corintia datan de 1844. Durante un siglo funcionó como lugar de comercio, pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial y, a pesar de que se salvó de los bombardeos, la actividad decayó por completo.

    Royal Exchange

    El lugar se buscó unos cuantos empleos temporales mal pagados, como sede del Teatro Mermaid o como casa del London International Financial Futures Exchange. Hasta que, hace una década, fue completamente renovado y se convirtió en un lujosísimo centro comercial en los que Tiffany, Bulgari o Cartier campan a sus anchas. El Capitalismo se alimenta de Consumismo hasta que éste, al final, le acaba devorando su propio terreno.

    Merece la pena echarle un vistazo e incluso os podéis permitir el lujo de tomaros algo en el Gran Café. Sí, es caro, pero no prohibitivo…

    Royal Exchange interior