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  • Borrachos con chistera

    Esta semana se están celebrando las tradicionales carreras de Ascot. Hay pocos acontecimientos que reflejen tan bien la sociedad actual británica, donde “el aparentar” es la clave. Allí se junta la alta sociedad con sus mejores galas y los que se disfrazan de ricachones con chistera y pamela para pertenecer a la élite aunque sea por un día.

    Durante 300 años los ingleses han utilizado esta carrera de caballos como excusa para la ostentación y el pavoneo. Allí, esos mismos ingleses que veréis este verano en Mallorca completamente borrachos y con quemadoras de segundo grado en los hombros, se pasean con sus caros atuendos y beben champagne del bueno. Pero cuando el alcohol hace su efecto, una botella de Laurent Perrier Rose de 98 libras, tiene el mismo uso que una litrona de cerveza en cualquier antro de los suburbios.

    Así es como acabó ayer el “ladies day” en Ascot. Aunque la mona se vista de seda… british se queda.

    Pelea en Ascot

  • El Capitán Kidd

    El Támesis ha sido una de las fuentes de riqueza más importantes de Londres a lo largo de la historia, pero sus aguas también han traído algún problema que otro a la capital británica. Tanto es así, que aquí se estableció el primer cuerpo fluvial de policía del mundo, en parte, para tratar de controlar a elementos de la calaña de contrabandistas, asaltantes o piratas, como es el caso de William Kidd, más conocido como Capitán Kidd.

    Hoy se celebra el aniversario de la ejecución de este capitán escoces (1645 – 1701), que comenzó su carrera naval dando caza a piratas en nombre de su rey, Guillermo III, para acabar siendo uno de los corsarios más famosos a día de hoy, en parte gracias a películas y a libros (La Isla del Tesoro, por ejemplo) que se inspiraron en su figura.

    El Capitán Kidd, hizo todo lo que se puede esperar de un pirata: Asaltó barcos que llegaban de las Indias Orientales cargados de objetos de lujo y oro, pasó por el cuchillo a tripulaciones de varios navíos mercantes ingleses y franceses e inclusó enterró un tesoro en una isla cerca de Nueva York.  Cuando fue capturado, fue acusado de 5 actos de piratería y asesinato, y fue colgado a orillas del Támesis en Wapping, cerca de la Torre de Londres.  Se dice que después de ahorcarle dos veces (por lo visto gastaba un buen cuello y en la primera se partió la cuerda), fue metido en una especie de jaula metálica y su cuerpo putrefacto permaneció durante 20 años en la ribera del río, a modo de advertencia para el resto de sus compañeros de profesión.

    Todavía hoy varios pubs en Wapping, se disputan el lugar en el que el famoso bucanero fue ahorcado, como el The Prospect of Whitby, el the Town of Ramsgate y por supuesto el Captain Kidd, que recibe a sus parroquianos con una soga colgando a su entrada, quizás también a modo de advertencia hacia los que no paguen la consumición.

    Capitan Kidd

  • Guerra de estatuas

    Transcurría una tranquila mañana veraniega del año pasado en el Southbank, bajo la sombra del London Eye, cuando la estatua del Rey Invisible abandonaba su posición inerte para asestarle un mazazo en la cabeza a la estatua contigua del Mago Plateado, abandonando después el lugar tranquilamente en su bici.

    Suena a acertijo surrealista, pero es la cruda realidad. Se trata de dos compañeros de profesión, la de estatua viviente, en disputa por el mejor lugar de una de las zonas más turísticas de Londres. Dechko Ivanov, el Rey Invisible, harto de ver que su compañero de piso, de nombre Rumen Nedelchev y de aspecto el de un Gandalf de papel albal, le quitaba el mejor sitio todas las mañanas, decidió bajarlo de su pedestal golpeándole con un bloque de cemento en la cabeza.

    El agredido tuvo que pasar 3 meses ingresado en el hospital debatiéndose entre la vida y la muerte, sometiéndose a varias operaciones. Hoy, por fín, han sentenciado al malvado Rey Invisible a un mínimo de 4 años y medio de cárcel. Al sufrido Mago Plateado aún lo podéis ver, en el mismo lugar que casi le cuesta la cabeza y con una cicatriz de 30 centímetros bajo el gorro.

    Guerra de estatuas

  • El cajón de la australiana

    Si habéis seguido la trama de los “mensajes de amor o terror“, recordaréis que, en la última entrega, prometí hacer una foto del cajón de mi compañera australiana. Ya hemos hablado más de una vez sobre los australianos. Yo diría que son espíritus libres, aunque otros os dirían que simplemente son un poco guarros.

    Los australianos suelen ser gente alegre, buenas personas, que disfrutan como pocos de las fiestas y a los que les encanta viajar. Más bien necesitan viajar, es como una necesidad fisiológica para ellos. Aunque luego, todas estas cualidades no hacen más que incrementar una cierta dejadez muy característica pero difícil de explicar.

    Hay multitud de ejemplos. Mi compañera de trabajo sin ir más lejos, es una adicta a las compras y viene siempre impecable, pero no tiene inconveniente en cortarse las uñas en su escritorio o en venir un día con zapatos diferentes en cada pie. Dijo que no se había dado cuenta porque se había vestido a oscuras, pero es que los dos zapatos eran del pie izquierdo!

    Por otra parte parte, el amigo Fruco siempre cuenta, con cierta nostalgia, que una vez tuvo por compañero de piso un australiano que, preocupado por el medio ambiente, reciclaba hasta los envases de los yogures. El único inconveniente consistía en que su papelera de reciclaje no era más que una esquina de la habitación justo encima de la moqueta. Ya os he dicho que son espíritus libres.

    En fín, aquí os dejo con el correspondiente cajón de la australiana. Uno de esos profundos, pensado para guardar ficheros, pero que en este caso podría dar de comer a una familia durante una semana. Así a primera vista, veo 4 cajas de cereales, una de galletitas, otra de Weetabix (unos mazacotes de trigo muy populares para el desayuno), un frasco de olivas, una bolsa de anarcados y un bote de miel. Pero ahí hay mucho más…

    Cajón de la Australiana