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Shit London
De todos los concursos, galardones, premios y galas que saturan la ciudad de Londres, tanto en el mundo real como en el virtual, hoy me he topado por fín con uno que parece interesante. Son los Shit London Awards, es decir, los premios de mierda de Londres, que homenajean ese lado de Londres menos agradable pero que también contribuye al encanto de la ciudad.
En inglés hay una expresión muy útil para explicar todo tipo de desgracias: “shit happens“. La mierda pasa, y en una ciudad tan grande, pasa a menudo. La web que otorga los galardones lleva ya tiempo recopilando fotos del lado oscuro de Londres, que los propios londinenses envían a diario.
Si queréis participar podéis enviar vuestras fotos para cualquiera de las cuatro categorías existentes:
- Edificio más feo de Londres (hay muchos y muy feos)
- Mejor peor nombre de tienda
- Peores vistas desde el trabajo (este es exclusivo para los currantes de Londres y, si eres uno de esos tipos que te ayudan a limpiarte las manos en los meaderos, tienes muchas posibilidades de ganar)
- Mejor foto (envía tu mejor foto de mierda de Londres)
Como no podía ser de otra forma, los ganadores recibirán una mierda de taza y unas chapas como premio. Yo de momento dejo una foto fuera de concurso de este “trabajador” en plena jornada laboral, siempre pendiente de la seguridad de su compañero en el fondo del pozo.

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Cosas de hombres
El ir a la peluquería es una de esas cosas que, por lo general, distancia a los hombres y a las mujeres como si se tratasen de diferentes especies. Para una mujer la visita al peluquero es todo un acontecimiento que, como tal, se comenta con amigas, se anuncia en Facebook y se reprocha al marido cuando, con toda seguridad, no se percata del cambio. Un tío se corta el pelo cuando no le queda más remedio, por necesidad. No encuentra ningún placer en ello.
Ahora ya hace tiempo que no piso una peluquería, que para algo me he casado, pero recuerdo la búsqueda de una peluquería de caballero como un proceso bastante tedioso. En las peluquerías mixtas nunca me sentí cómodo sentado entre clientas con papel albal en la cabeza y envuelto de ese olor tan característico, el olor a peluquería de mujer, una mezcla de laca, cera, pelo socarrado y otros 1000 potingues. Por contra, las clásicas barberías suelen estar regentadas por tipos que no pueden estar más alejados del término “estilista”, cuyo único reclamo para atraer clientes es ofrecer el corte por menos de 10 libras. Aunque siempre hay excepciones. La barbería de la siguente foto es de las que no me importaría visitar.
Así es como una peluquería de caballero debería ser siempre: sin cita previa y con una pinta de cerveza fresquita. Anda que si encima cortan bien el pelo…
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Fashion victim
Bolso de Louis Vuitton: 1100 libras.
Botas de Gucci: 869 libras.
Cinturón de Roberto Cavalli: 200 libras.
Chaquetilla de vete-a-saber-quien: 500 libras.
Peluco: nada barato.
Enseñar la canaleta embadurnada de autobronceador “efecto bronze” cada vez que te inclinas hacia delante como cualquier obrero de la construcción: no tiene precio… Para todo lo demás Harrods.
La foto está hecha a las afueras de los famosos almacenes pero no por mí, ya que tengo alergia a esa zona y me sale sarpullido. Por supuesto la identificación de las marcas tampoco corre de mi cuenta. Yo no diferencio ese bolso de lujo de la bolsa que usa mi padre para recoger pimientos de la huerta.
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Voy a Londres, qué ropa me llevo?
Ah, una de mis preguntas favoritas y para la que no tengo respuesta. En realidad nadie la tiene en esta ciudad. Te podría decir que es verano, hace calorcito y la gente va de manga corta, pero eso fue el lunes y unas horas del martes, luego llovió con ganas y las mangas cortas se convirtieron en carnes de gallina. El miércoles salió nublado, luego hizo sol, se volvió a nublar, llovió y de nuevo brilló el sol, para acabar el día con viento y frío.
En Londres, Vivaldi podría haber escrito sus cuatro estaciones en un solo dia. La única forma de acertar completamente con la ropa es llevar una mochila con un poco de todo e ir cambiándose según las circunstancias como Lady Gaga en pleno concierto.
Debido a la climatología y a la variedad cultural de esta ciudad, rara vez me sorprende alguien con su atuendo. Pero ayer por la mañana no pude evitar hacerle una foto a un personaje que salió de la estación de Cannon Street junto a mí. Traje gris, sombrero, gabardina, maletín de cuero, pelo cano, tez tostada a la siciliana, bulto sospechoso a la espalda y una bolsa con un ramo de flores. Si eso no es un gangster camino al hospital a terminar algún asunto pendiente, que baje Dios (o mejor aún, Mario Puzo) y lo vea…
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