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Despacho sobre ruedas
Primera hora de la mañana. Media oficina agolpada contra una de las ventanas haciendo comentarios extraños. Pregunto qué es lo que pasa, pero nadie contesta. No me extraña, no es fácil de explicar, lo mejor es que te asomes por la ventana tu mismo.
¿Notas algo extraño? Sí, eso que hay en medio del tráfico es un despacho sobre ruedas, con jefe y dos secretarias incluidas, que esta mañana circulaba por delante de mi oficina. No se de dónde ha salido ni cuál es su propósito, pero sin duda no hacía día para sacar a pasear el despacho. Al menos esta vez he conseguido prueba gráfica para que no me traten de loco, no como aquella vez hace 3 años cuando se me escapó la cama sobre ruedas.
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Las dos caras de la mujer en el tren
En una mañana común, a bordo de cualquier tren de cercanías o metro del área metropolitana de Londres, se producen cientos, miles, puede que decenas de miles de metamorfosis. Tantas como mujeres sin maquillar tomen el tren.
El perfil, al menos de las que abundan en mi tren es muy parecido. Mujer de entre 20 y 40 años, con bolso caro y de asombrosa capacidad, iPhone y un café para llevar. Lógicamente si no han tenido tiempo de maquillarse en casa, mucho menos de desayunar. Si la mujer se encuentra próxima a la veintena aumentan las posibilidades de que también se haga las uñas a bordo. Si supera la cuarentena, el café para llevar viene hecho de casa y en un termo.
De esta forma, conforme el tren se aproxima a su destino y desafiando con destreza extrema al traqueteo, las legañas dan paso al rímel, las ojeras al colorete y la boca seria al pintalabios. La mujer que baja del tren ya no es la misma que entró hace tan solo unos minutos.
Esta entrada es para todas esas mujeres que inexplicablemente, en medio del vaivén del tren, no se han sacado todavía el ojo con el bastoncillo del rímel. También para las que me aturden a menudo con el olor del esmalte de uñas. Si tuviera la mitad de valor que ellas, me afeitaba de camino al trabajo.
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Los vigilantes de la calle
El país entero y, en especial Londres, están repletos de cámaras de vigilancia o CCTV. El llamado Big Brother, que nos vigila a todas horas y que ya comenté al poco de llegar a Londres con las 34 cámaras que me grababan a diario de camino al trabajo, pero que en realidad, como ya se ha demostrado con datos, no sirven para nada. Corrijo, sirven para dilapidar unos cuantos millones del presupuesto.
Hoy en día, retirado a una zona algo más rural, ya no soy acosado por las cámaras como cuando vivía en Notting Hill, aunque mis movimientos diarios son controlados igualmente por otro tipo de “vigilantes”: los gatos del barrio. Entre las mascotas de Inglaterra hay tantos gatos como perros, algo más de 10 millones. Estos son solo algunos de los que, desde el calor de su hogar, me observan en mi ruta diaria a la estación. Sin duda están tramando algo…
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La galería de Guirilandia
Aunque hace ya tiempo que yo perdí mi toque con la fotografía (si es que alguna vez lo tuve) y me vi obligado a mudarme al vídeo, se que hay mucho artista por ahí suelto y por eso estoy decidido a darle más importancia en el blog. No podemos confiar en mi habilidad con la cutre-cámara de mi móvil, pero sí en los cientos de asiduos a Guirilandia que recorren Londres a diario con sus cámaras y móviles listos para disparar.
Acabo de abrir un grupo en Flickr para Guirilandia donde podéis subir vuestras fotos. Las que más me gusten o mejor me vengan aparecerán en ciertas entradas, citando y linkando siempre al autor, por supuesto. Por favor, para las clásicas fotos de la Torre de Londres y el Big Ben ya tenemos las postales y los imanes para la nevera, aquí lo que tiene cabida son esas fotos diferentes, originales o curiosas con las que te has tropezado en Londres o en cualquier otro rincón del Reino Unido.
Para empezar, y como no podía ser de otra forma, solo hay un puñado de fotos hechas por mí y por mi señora, que tiene muy buena mano con el iPhone y a la que he obligado a participar activamente. Ya se sabe, “for better or for worse“… Una de mis favoritas es la foto de este “little fella” que nos encontramos hace un tiempo paseando por Columbia Road un domingo al mediodía.
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