El martes de los pancakes
En España y en mucho otros lugares cristianos del mundo tenemos el Carnaval, esa fiesta de despiporre y desenfreno previa al comienzo de la Cuaresma. Los ingleses, algo más mojigatos, lo celebran de un modo más comedido. Las fiestas carnavalescas no son comunes por estas tierras y, las que hay, son sin duda por influencia de comunidades de inmigrantes.
En Inglaterra la tradición manda que el día antes del miércoles de ceniza (que marca el comienzo de la Cuaresma) se celebra el Shrove Tuesday, que al ser el último día antes del ayuno, es también el Pancake Day, es decir, el día de ponerse ciego a tortitas.
En los paises anglosajones se celebra este próximo martes día 8, pero yo he seguido la tradición rusa, en la que comen tortitas (bliny) durante toda la semana previa a la Cuaresma y hoy ha sido el día grande, con la celebración, como cada año, del Maslenitsa en Trafalgar Square. Yo tengo la suerte de poder disfrutar de los bliny en casa…
Cupcakes o pastelillos
Las pastelerías inglesas, por lo general, son muy poca cosa en comparación con las españolas, pero sí hay un dulce que merece la pena y que quizás no sea muy conocido. Son los cupcakes, unos pastelillos del tamaño de una madalena de las gordas que pueden ser de mil sabores y colores.
El lugar más conocido de Londres donde comprar cupcakes es la Cocina de Lola (LOLA’s kitchen). No son baratos, a 2,25 libras cada pastelillo, pero tienen varias tiendas en los lugares más exclusivos de la ciudad, como Mayfair, Selfbridges o Harrods y además hacen envíos a domicilio. La verdad es que yo los he probado y son impresionantes. Es una deliciosa opción para llevar un recuerdo de Londres…
Verdades y mentiras sobre Londres: Aceite de oliva
Dejando de lado el tema de la comida, que no pienso defender por miedo a mi integridad física, lo que sí no voy a pasar por alto es lo del aceite de oliva. Es uno de los recursos favoritos del español medio cuando no sabe muy bien de qué hablar con el típico expatriado: “Allí de aceite de oliva nada, no? Todo se fríe con mantequilla”. Ni siquiera es una pregunta, más bien se trata de confirmar lo que ellos ya saben de sobra.
Pues no señores, aquí se encuentra el aceite de oliva en cualquier supermercado, restaurante o tiendecilla de barrio. Puede que la escasez de aceite de oliva fuese una realidad hace 25 años, pero la difusión de la dieta mediterránea lleva ya muchos años funcionando y en la actualidad, el Reino Unido es el décimo consumidor del mundo, con 55.300 toneladas al año, lo que supone un3% del consumo mundial (aunque España consume 10 veces más).
La siguiente pregunta, como contraataque a la sorprendente existencia de aceite en Inglaterra, va directa a la línea de flotación, que se encuentra en la zona del bolsillo: “Pero es carísimo, no?”. Pues hombre, teniendo en cuenta que esas 55.000 toneladas son importadas, está claro que no puede tener el precio que tiene en España, que es el principal productor mundial, generando más del 40% del total. En los supermercados ingleses se puede comprar aceite de oliva virgen extra desde unas 4 libras el litro más o menos. No es barato, pero es aceptable.
Tampoco hay que cometer el error de relacionar directamente la dieta saludable con la cantidad de aceite de oliva ingerida. No creo que haga falta consumir los 13,6 litros anuales por habitante que registra España o los 23 litros de los griegos. Los franceses no gastan ni una décima parte de ese cantidad y no por eso su dieta es menos mediterránea.
Conclusión: Hoy en día, más de la mitad de los hogares británicos tienen aceite de oliva en sus cocinas. La principal diferencia es que no lo tienen chorreando de la campana extractora como en España, sino en una botellita de cristal junto a la mantequillera.
Productos típicos del pueblo
En toda oficina que se precie, tras las vacaciones navideñas, se comparten las experiencias vividas, las batallitas familiares y, en ocasiones, las viandas que cada uno se trae de su pueblo. Se puede medir realmente el buen ambiente en una oficina en función de estos “detallitos” que cierta gente recuerda traer de sus respectivos lugares de origen.
Por ejemplo, en mi anterior oficina en Zaragoza, a veces alguien tenía la ocurrencia de traer un par de tortas de su pueblo, una trenza de Almudevar, unos mazapanes de Soto, unos Zorraquinos de la Rioja o alguna cesta de cerezas cuando llega la temporada.
Las oficinas de Londres no son muy diferentes. También hay gente que se acuerda de sus compañeros de trabajo y se trae algo, aunque el concepto de “pueblo” es algo más amplio. La gente, en lugar de ser de ser de Villanueva de Huerva, de Clarés de Ribota o de Mezalocha, es de Pekín, de Ciudad del Cabo o de Hong Kong.
De Hong Kong precisamente es de donde, Laura, la chica de recepción, ha traido unos cuantos dulces típicos. Los únicos que siguen dando vueltas, casi una semana después, son unas algas marinas tipo corteza bastante malas y unas sardinas desecadas, cubiertas por miel y azucar, aún peores, que podéis ver en la foto y que encima me están repitiendo. Vienen a ser, las sardinas garrapiñadas japonesas de toda la vida.
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