-
La maleta de vuelta
¡Feliz año nuevo! Tras 10 soleados días por la Península, la vuelta a las Islas y al trabajo ha sido épica. Esta mañana, la lluvia y el fuerte viento racheado nos ha amenizado la vuelta al trabajo. Habría hecho una foto del temporal, pero estaba bastante ocupado luchando contra el plegamiento de mi paraguas, mientras corría a la estación para no perderme el aumento del 6% en el precio del billete.
Como yo, muchos otros miles de emigrantes españoles volvían ayer de pasar la Navidad en España, cargados hasta los topes a pesar de viajar solo con la ropa justa. Mientras los que se quedan en España vivirán esta semana a base de sobras, los que vivimos fuera nos volvemos con “la maleta de vuelta“, un maletón que a la ida fue vacío o ni siquiera fue, pero que vuelve con medio cerdo y vino español como para montar una pequeña bodega.
No conozco a ningún español residente en Londres que se venga con menos de 3 o 4 kilos de productos de la tierra (en mi caso eran más bien 10 o 12). Si multiplicamos por los miles y miles de españoles que viven ya aquí, la cantidad de embutidos, dulces y litros de vino que cruzaron la frontera estos últimos días ha debido de ser ingente. ¿Y tu? ¿Qué te has traido?
-
Comida de Navidad británica
El Reino Unido es un país de tradiciones y la mayoría de ellas no difieren mucho de las españolas. Tienen el pub donde nosotros tenemos el bar, el té en lugar del carajillo y odian a los franceses mientras que nosotros… bueno, algunas costumbres son idénticas.
El día de Navidad es un día donde prácticamente todo se hace por tradición, no por gusto. En la megacomida familiar, el menú no es nada exclusivo. Se trata de un clásico Sunday Roast pero con un pavo que desafíe la capacidad del horno. Hay que saber cocinarlo, porque el pavo tiende a quedarse seco como un bocata de polvorones y hay que sufrirlo en forma de sobras (leftovers) durante los próximos 2 o 3 días.
Antes de empezar a comer, los christmas crackers aparecen en escena. Son unos artilugios que deben ser tirados por dos personas, uno de cada extremo, estallando y revelando fantásticos tesoros. El estallido funciona cuando quiere (de los 5 que gozamos en la última cena, ni uno lo hizo) y luego te encuentras por el suelo una cutre corona de papel que deberás llevar ridículamente durante toda la comida, un papel con un chiste malo (motto) y una triste e inservible baratija (trinket) digna del más barato de los “todo a cien”.
Tras cebarse con el pavo, aún quedan los tradicionales dulces británicos, que no gustan a nadie, pero que no faltan en ninguna mesa, “porque es Navidad”. El christmas pudding es desagradable de aspecto y peor de sabor, mientras que los mince pies son pequeñas tartaletas de hojaldre rellenas de carne picada con pasas, azucar y especias, que son apenas comestibles. Tradicionalmente, estos mince pies que no queire nadie, son la comida que se deja como aperitivo para Papá Noel (Father Christmas).
-
La globalización de los pimientos
Comprar verduras en muchos de los supermercados ingleses es, habitualmente, como darse un paseo por la huerta murciana. Estos grandes supermercados compran producciones enteras de ciertas explotaciones en España y le ponen su “marca” indicando únicamente la nacionalidad de origen.
Ayer por ejemplo, en Marks and Spencer. La lechuga española, los tomates españoles, el pepino español, hasta me compré una botellita de vino de Cariñena. Pero los pimientos… los pimientos vienen en trío multicolor y con sorpresa: Un pimiento rojo español flanqueado por uno naranja y otro amarillo holandeses. Una clara muestra del concepto de globalización en la cesta de la compra y de que la guerra de los 80 años de Flandes aún no ha finalizado. Menos mal que les ganamos la final del Mundial…
-
Mercado de Smithfield
El actual edificio victoriano data de 1868 y su interior ha sido completamente acondicionado convirtiéndolo en uno de los mercados de carne más modernos de Europa, pero en este lugar se ha comerciado con carne desde hace casi un milenio y en el siglo XIX se movían allí cerca de 2 millones de cabezas de ganado anuales.
A pesar de estar situado en pleno centro, entre Farringdon y Barbican, a pocos minutos de la Catedral de St. Paul’s, los turistas no acuden en masa a comprarse un perrito caliente los sábados por la tarde ni a hacer fotos a los sangrientos delantales de los carniceros. Éste es un mercado de verdad. Se trata del último mercado de abastos que sobrevive en el centro de Londres. Abre de lunes a viernes a las 3 de la mañana y si quieres verlo en plena actividad hay que acudir antes de las 7.
A sus espaldas tienes siglos de truculenta historia, cargados de ejecuciones, torturas y venta de ganado, que se pueden ver representados en varios paneles informativos en la calle principal, donde también hay varias de las míticas cabinas de teléfono británicas. En la siguiente foto se puede ver a dos de los representantes más populares, la K2 en primer plano, diseñada en 1926 con sus 18 paneles de cristal en cada lado y la K6, construida en 1935 para conmemorar el 25 aniversario en el trono del rey Jorge V. Por cierto, la K no viene del término perroflautil “kabina”, sino de kiosk.
Post etiquetado como "comida"










