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Adiós al no-verano
El calendario va ya por el vientitantos de septiembre de este año preolímpico y postmundial-futbolístico, es decir, año apático. Por fín hemos llegado al final oficial de un verano que oficialmente no terminó de llegar aquí en Londres. Suena el pistoletazo de salida para esa carrera vertiginosa y cuesta abajo que nos llevará de cabeza a las Navidades. Con todos los restaurantes y bares ansiosos ya por amarrar reservas y fiestas para fín de año, temerosos de que la crisis haya afectado nuestros espíritus navideños.
En realidad, aunque el mercurio de los termómetros cae en picado, es ahora cuando Inglaterra dejará de pasar frío. Ese calendario inventado por un tal Gregorio, de profesión Papa, al fín nos dejará vestir ropa de abrigo y encender la calefacción sin sentirnos gilipollas. A nadie se le ocurrirá ya salir a las húmedas calles londinenses en sandalias, excepto a los australianos y a las adolescentes británicas, ambos carentes de conocimiento alguno. Espero ansiosamente el día en que pueda viajar en tren sin los pezones erizados por el aire no-acondicionado y los encargados de mi edificio de oficinas decidan que ya no es necesario atormentarnos con una temperatura más apropiada para la cría del pingüino que para conservar oficinistas con vida.
Aprovechad los prometidos veintipocos grados sin lluvia de este fín de semana porque probablemente será el último. Pero reservad unos momentos para desempolvar los plumíferos, las botas, las bufandas y los guantes, que van a hacer falta.
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Voy a Londres, qué ropa me llevo?
Ah, una de mis preguntas favoritas y para la que no tengo respuesta. En realidad nadie la tiene en esta ciudad. Te podría decir que es verano, hace calorcito y la gente va de manga corta, pero eso fue el lunes y unas horas del martes, luego llovió con ganas y las mangas cortas se convirtieron en carnes de gallina. El miércoles salió nublado, luego hizo sol, se volvió a nublar, llovió y de nuevo brilló el sol, para acabar el día con viento y frío.
En Londres, Vivaldi podría haber escrito sus cuatro estaciones en un solo dia. La única forma de acertar completamente con la ropa es llevar una mochila con un poco de todo e ir cambiándose según las circunstancias como Lady Gaga en pleno concierto.
Debido a la climatología y a la variedad cultural de esta ciudad, rara vez me sorprende alguien con su atuendo. Pero ayer por la mañana no pude evitar hacerle una foto a un personaje que salió de la estación de Cannon Street junto a mí. Traje gris, sombrero, gabardina, maletín de cuero, pelo cano, tez tostada a la siciliana, bulto sospechoso a la espalda y una bolsa con un ramo de flores. Si eso no es un gangster camino al hospital a terminar algún asunto pendiente, que baje Dios (o mejor aún, Mario Puzo) y lo vea…
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Solsticio de verano
Hoy es el día más largo del año en el hemisferio Norte. El día en que el sol llega a su máxima posición meridional. Aquí en Londres no se a qué posición llegará, con que llegue me conformo… Ayer estuvo toda la tarde lloviendo y, en lo que va de mes, prácticamente no hemos pasado de los 20 grados, así que la llegada del verano aún está por ver.
En Inglaterra, los druidas han celebrado la cita en Stonehenge desde tiempos inmemoriables. En la actualidad, como casi todas estas celebraciones, se ha convertido en un circo al que acuden un puñado de druidas y hippies acompañados de miles de turistas y jóvenes en busca de fiesta. En definitiva, gente que en ciertos medios españoles serían considerados perroflautas.
Esta mañana se han reunido unos 18,000 de ellos para NO ver salir el sol, ya que estaba nublado.
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La primavera más cálida
A los que pasaseis el último fin de semana en Londres, esto os va a sonar a chufla. Tuvimos viento, frío y lluvia. Todo al mismo tiempo y en cantidades generosas. Pero os lo creáis o no, estamos ante la primavera más cálida de la historia de Inglaterra, al menos desde que existen registros, que se remontan al año 1659. Nada menos que 10.32 gradazos de media…
Está claro que el concepto de “cálido” es algo diferente al que tenemos los españoles. Yo aún no he podido dejar en casa la chaqueta, mientras que muchos ingleses van medio en bolas. Queda claro que el inglés se viste en función del calendario y no de lo que ve por la ventana.
En fín, que no me voy a meter en otro berenjenal como aquel día que me puse a defender que en Londres no llueve tanto. El tiempo no es el punto fuerte de esta ciudad, pero sí tiene sus cosas buenas. Cuando el cielo gris plomo da una tregua, no sé si será porque siempre hay nubes, por la contaminación o porque con 3 pintas encima me pongo tontorrón, pero los atardeceres londinenses me resultan impresionantes.
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