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  • En busca del takeaway perfecto

    Tras 3 años trabajando en la City y comiendo fuera en mi lunch break casi todos los días, he probado docenas de lugares diferentes de todos tipos y nacionalidades, pero sin embargo no habré cubierto ni un 5% de toda la enorme oferta que exite en el distrito finaciero. No es de extrañar si tenemos en cuenta que el ser humano es un animal de costumbres y tiende a repetir lugar de caza. A partir de esta semana me he propuesto obtener mi comida en un lugar distinto cada día hasta conocerlos todos.

    La hora de la comida en la City es un espectáculo digno de ver. Transcurre en un lapso de un par de horas, entre las 12 y las 2, en las cuales miles de hormiguitas trajeadas salen del hormiguero y se dispersan a zancadas por las retorcidas calles de la City en busca de algo que comer. A menos que haya clientes de por medio y pague la empresa, muy pocos optan por sentarse a comer en un restaurante. La palabra más repetida en esos momentos es “takeaway“, comida para llevar. Para llevar al parque más cercano si hace sol, a cualquier banco solitario si se busca escapar de la oficina aunque sea por un momento o incluso a la propia oficina, donde el teclado del ordenador se convierte en improvisado mantel a cuadros.

    Cada oficina tiene sus lugares favoritos que se transmiten entre generaciones de empleados. Está el sitio donde ir los días de resaca, el sitio de los bocatas, el de las sopas durante el invierno,… Hay pequeños restaurantes grasientos que son toda una institución y cuentan con largas colas a su entrada en la hora del lunch break. No olvidemos que para un inglés una cola a la puerta de un lugar es como unos de esos reclamos para patos que usan los cazadores. No pueden resistirse a ella.

    El estándar británico a la hora de la comida entre semana no es para nada exigente. Un sandwich, una bolsa de patatas y un refresco son la base alimenticia de muchos de ellos. Pero las calles de la City ofrencen mucho más que eso a los que tienen mayores ambiciones o simplemente mayor hambre. No sé cuanto tiempo me llevará peinar la zona, pero cuando considere que haya probado, al menos, la mayoría de takeaways del lugar, redactaré una lista con mis favoritos. Mientras tanto en esta página podréis ver todas mis visitas.

    Comer en la City

  • Clásicos del futuro

    La estatua en sí no tiene mucho interés. La han instalado recientemente en los alrededores de Cannon Street, aunque de momento está parcialmente oculta entre vallas y obras. La verdad es que no me paré a leer la plaquita del suelo y no tengo ni idea de quién es el autor ni cuál es el título de la obra, pero me imagino que puede ser una especie de homenaje al “banquero anónimo”.

    Clásico banquero

    De estar yo en lo cierto, el resultado es bastante pobre, el banquero común gasta mucha más tripa y no tiene ese aire desenfadado, por no hablar de ese ladrillo de móvil que ya sería antiguo hace 15 años.

    Pero la pregunta que ahora mismo asalta mi mente es: ¿pensarían los mismo los griegos de hace 2000 años cuando vieron la Venus de Milo? Es decir, dentro de 2000 años, tras la tercera guerra mundial (entre Facebookinos y Twitteros, que supondrá la pérdida de todo registro escrito) o la gripe de la anchoa (que acabará con la mitad de la población aficionada a la vinagreta), aparecerá esta horrible estatua del banquero, sin piernas, enterrada bajo alguna huerta y se convertirá en un clásico del arte del siglo 21? Yo personalmente espero que no…

    Actualización: Según nos apunta Enjuto en los comentarios, la figura en cuestión lleva ya 15 años en la zona con el nombre de “LIFFE Trader” en homenaje a los brokers del Mercado de Opciones y Futuros Financieros (LIFFE) que colonizaron la City durante las décadas de los 80 y 90.

  • Voy a Londres, qué ropa me llevo?

    Ah, una de mis preguntas favoritas y para la que no tengo respuesta. En realidad nadie la tiene en esta ciudad. Te podría decir que es verano, hace calorcito y la gente va de manga corta, pero eso fue el lunes y unas horas del martes, luego llovió con ganas y las mangas cortas se convirtieron en carnes de gallina. El miércoles salió nublado, luego hizo sol, se volvió a nublar, llovió y de nuevo brilló el sol, para acabar el día con viento y frío.

    En Londres, Vivaldi podría haber escrito sus cuatro estaciones en un solo dia. La única forma de acertar completamente con la ropa es llevar una mochila con un poco de todo e ir cambiándose según las circunstancias como Lady Gaga en pleno concierto.

    Debido a la climatología y a la variedad cultural de esta ciudad, rara vez me sorprende alguien con su atuendo. Pero ayer por la mañana no pude evitar hacerle una foto a un personaje que salió de la estación de Cannon Street junto a mí. Traje gris, sombrero, gabardina, maletín de cuero, pelo cano, tez tostada a la siciliana, bulto sospechoso a la espalda y una bolsa con un ramo de flores. Si eso no es un gangster camino al hospital a terminar algún asunto pendiente, que baje Dios (o mejor aún, Mario Puzo) y lo vea…

    Gangster en la City

  • La Matanza del Leadenhall Market

    Ya he hablado alguna vez de mi fascinación por el Leadenhall Market, ese mercado victoriano cubierto, de imponente estructura, situado en pleno corazón del distrito financiero londinense.

    Hoy en día, como todo lugar situado en la City, está infectado del virus banquero. La sombra de monstruos de acero, como el Gherkin o la Torre 42, se ciernen sobre él y su interior, repleto de tipos con barriga y trajes de raya diplomática, solo cobra vida de lunes a viernes.

    Actualmente apenas queda rastro de aquel mercado donde a diario se vendían kilos y kilos de carne y miles de aves de corral. Por su suelo adoquinado ya no corre la sangre hasta la entrada de Gracechurch Street, donde los carros hacían cola para dejar su mercancía.

    Por sus tiendas, hoy tomadas por cafeterías, pubs y Pizzas Express, ya no se pasea el viejo Tom, aquel ganso escapista que, en el siglo 18, se las apañó para librarse una y otra vez de ir a la cazuela, a pesar de que en aquella época se llegaron a matar 34,000 gansos en 2 días. Tom se acabó ganando el respeto de todo el mercado, donde vivió y fue enterrado cuando murió de viejo a los 38 años.

    No es fácil imaginarse el mercado como matadero y lugar caótico, aunque los magos de Hollywood sí que lo consiguieron cuando situaron allí la entrada al “Caldero Chorreante” en Harry Potter y la Piedra Filosofal. A día de hoy, esa entrada no te lleva más que a una simple óptica, pero quizás la visión de esos enormes ganchos de forja, destinados a colgar la carne, que aún decoran las entradas de las tiendas, sí que ayuden a imaginarse el pasado de este magnífico lugar.

    Leadenhall Market