Ayer fui a ver mi primera ópera en el teatro Coliseum de Londres. Turandot, de Giacomo Puccini.

La historia de Turandot está sacada de la colección de historias Persas “El libro de los mil y un días” (no confundir con las “Mil y una noches”) y transcurre en la China imperial. Turandot es la hija del emperador y el que quiera casarse con ella debe antes responder tres adivinanzas formuladas por ella, perdiendo literalmente la cabeza en caso de fallar. Muchos príncipes han sido decapitados ya y el primer acto de la ópera comienza cuando el Príncipe de Persia ya ha sido sentenciado y va a ser decapitado al amanecer. No voy a escribir la hisotria completa, pero si queréis leerla, pinchad aquí.
Ayer era la Premiere, así que todo el mundo estaba espectante ya que se había anunciado que se había renovado y actualizado la ópera, pero esta “modernización” a mi humilde entender no hace más que estropear un clásico. Para empezar, antes de alzarse el telón, apareció un buen hombre informando que hasta 3 de los artistas principales estaban enfermos. Una de ellas no iba a cantar y por lo tanto lo haría una suplente y los otros dos iba a intentar salvar los papeles como pudiesen.
Después, la “modernización” anunciada consistía en cometer un sacrilegio en cuanto al vestuario y decorado. El populacho de la China imperial estaba compuesto por gente dispar como 3 tíos vestidos de Elvis, un payaso, varios travestis, dos jugadores de badminton, amas de casa, viejas en traje chaqueta,… Era como si el casting lo hubiesen hecho 3 horas antes del estreno y en pleno barrio de Camden. El personaje principal iba con una especie de gabardina y corbata y el emperador Chino era un gordo borracho al que sentaban encima de una mesa de bar, en lugar de lo que debería haber sido un majestuoso trono dorado.
En ciertos momentos resultaba completamente ridículo ver a la esclava Liu sufriendo al ser torturada por no querer traicionar a su amado y ver al lado a un personaje haciendo los coros agitando una raqueta de badminton en la mano. ¿Qué aporta eso? Al igual que un personaje que se pega toda la obra simulando ser un testigo actual, inmerso en la historia a modo de observador, pero que luego interactúa también con los personajes. No le encontré sentido a su aparición en todas y cada una de las escenas. Seguramente alguien dirá que el autor ha querido expresar alguna memez con este personaje, pero yo debo ser muy simple o muy corto de mente (e intuyo que Puccini opinaría como yo y se estará removiendo inquieto en su tumba si le han llegado noticias de esta adaptación).

La parte buena es, por suerte, la música. Realmente impresionante, sobre todo esa famosa aria del tercer acto, Nessun Dorma. Aunque resulta algo raro escucharla en inglés (sí, estos ingleses traducen todas las óperas a su idioma) y fue una pena que el tenor andase flojo de la garganta y no se luciese mucho (la música se le comía la voz), pero es suficiente para meterte esa musiquilla en la cabeza para el resto de la noche. Hoy por la mañana lo primero que he hecho es buscar esa pieza de la voz de Pavarotti, nada que ver.
Resumiendo este tocho. La ópera es impresionante, me gusta mucho más que los musicales, pero la habría disfrutado mucho más respentado la obra clásica. Yo puedo entender que los tiempos cambian y quieran adaptar los clásicos a la actualidad, pero en el mundo informático tenemos una máxima, “lo que funciona es mejor no tocarlo”…
Edito: El crítico de guardian coincide conmigo. Le ha dado un 1 sobre 5.