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Los rascacielos no escapan de la crisis
Las plantas superiores se esconderán entre los grises cielos londinenses, pero eso no hace que los rascacielos se escapen del azote de la crisis. En los últimos años se han emprendido varios proyectos de envergadura que tienen como propósito aumentar el espacio de oficinas de la capital hasta límites insospechados.
Pero, ¿de verdad hace falta tanto espacio para oficinas? La tendencia actual no es para nada la de ampliar los negocios, sino más bien la de recortar personal.
En la ciudad hay ahora mismo al menos 5 grandes rascacielos en construcción: el Shard, el Pinnacle (cuyas obras vuelven a estar paralizadas), el Walkie Talkie, el Cheesegrater y la torre del 100 de Bishopsgate; unos más avanzados que otros y alguno, como el Shard, a pocos meses de su finalización. Entre los 5 tan solo tienen contratado el espacio para una empresa, según publica reuters.
En Cannon Street, uno enfrente del otro, están estos dos edificios ultramodernos y recién terminados que, lejos de las capacidades de los grandes rascacielos, ofrecen cerca de 40.000 metros cuadrados de oficinas. De momento, ni un alma trabaja allí.
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El Puente Enrollable
A simple vista no es más que una sencilla pasarela de acero y madera sobre uno de los canales situados al norte de Paddington. Pero en realidad se trata de, probablemente, el puente más original de Londres: El Rolling Bridge.
Para descubrir su peculiaridad es necesario verlo un viernes a las 12 del mediodía, que es la hora exacta en que el puente se enrolla de manera automática, encogiéndose en un octógono perfecto que nada tiene que ver con un puente.
El lugar no es fácil de encontrar, deberéis estudiaros bien el mapa, y sin duda es solo apto para amantes de la arquitectura o gente con mucho tiempo libre (los jubilados son bienvenidos). Aquí podéis ver el video completo del puente recogiéndose, pero advierto que son más de 2 minutos de lento encogimiento y que la música que le han añadido no lo hace precisamente más atractivo.
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Londres sin construir: Torres
Londres tiene un gran número de construcciones emblemáticas, históricas y mundialmente conocidas, pero hay ciertos proyectos que podrían haber llegado a convertirse en símbolos de la arquitectura y que, por diferentes motivos, se quedaron simplemente en eso, en proyectos. Es el caso de estas torres, que pudieron dominar el cielo londinense pero se quedaron en simples trazos en papel o en la memoria de unos cuantos ancianos.
La Torre del Crystal Palace. Cuando a finales de 1851 se decidió mover el magnífico Crystal Palace de su ubicación original en Hyde Park y, más de medio siglo antes de que los americanos contemplasen la idea de los rascacielos, un arquitecto británico llamado Burton, propuso volver a ensamblar la estructura en un impresionante obelisco de cristal y acero de más de 300 metros de altura y 50 plantas. Por supuesto la idea, tan futurista como descabellada para la época, se quedó en un simple boceto. Curiosamente hoy se cumple el 75 aniversario de la destrucción del Crystal Palace. De haberse llevado a cabo la construcción de esta torre, no creo que hubiese durado tanto…La Torre de Wembley. Tras la exposición universal de Paris en 1889, los británicos se morían de envidia por tener su propia torre Eiffel. Sir Edward Watkin, presidente del ferrocarril metropolitano londinense, decide construir un nuevo icono arquitectónico que atraiga a las masas a la frontera noroeste de Londres donde acaba de llegar con sus trenes. Organiza un concurso al que invita al propio Gustave Eiffel, que sabiamente declina participar, y al final es el británico Benjamin Baker el que se lleva el contrato con una enorme torre de 8 patas y 353 metros. Hay que aclarar que Baker ya estaba construyendo una torre similar en Blackpool, que aún hoy en día es el mayor atractivo de la ciudad, pero que se quedaba en 158 metros (la mitad que la torre parisina). Se había convertido por tanto en una simple cuestión de ver quién la tenía más grande.
El diseño original de 8 apoyos se modificó a 4 para abaratar costes, lo cual incrementó considerablemente el peso en cada pata, provocando el hundimiento y la inestabilidad de la estructura cuando apenas se levantaba 50 metros del suelo. En 1907 se terminó su derribo y unos años más tarde se utilizaría ese mismo terreno para construir el mítico Estadio de Wembley. Cuando hace 10 años se construyó el nuevo estadio, todavía encontraron restos de los cimientos del llamado “Capricho de Watkin”. La imágen está sacada del archivo del Ayuntamiento de Brent.
La Torre Imperial Monument. En 1904 había cierta preocupación por parte del clero por la aglomeración de monumentos en la Abadía de Westminster. En esa época la euforia imperial Británica era desmedida así que la solución tenía que ir en consonacia. El arquitecto de la propia diócesis, John Pollard Seddon, propuso un enorme complejo contiguo a la Abadía, en el que pudiesen situar todos los monumentos, coronado por una inmensa torre de 168 metros que dejaría en ridículo al propio Big Ben (que no llega a los 100 metros de altura). Un centro “propio de la metrópolis del Imperio, donde nunca se pone el Sol”. La imposibilidad de financiar semejante proyecto detuvo en seco sus delirios de grandeza.
La Torre de Selfridges. Los legendarios almacenes Selfridges, en Oxford Street, se construyeron por fases y fueron abiertos al público allá por 1909. Pero en su fase final, estaba proyectado y aprobado por el mismo H. Gordon Selfridge, construir sobre el actual edificio esta monstruosa y desproporcionada torre, que nunca se llevó a cabo.
Hay muchos otros proyectos que se quedaron en el limbo arquitectónico. Como un gigantesco mausoleo en forma de pirámide en pleno Primrose Hill que debía alojar hasta 5 millones de tumbas o una torre de 300 metros para conmemorar la reforma electoral de 1832. Pero ya vale de torres por hoy…
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La torre inclinada de Londres
La Torre del Big Ben se convertirá en la próxima “torre inclinada de Pisa”. Esta es la no noticia del día, que aparece en todos los medios de comunicación del mundo. La nueva carnaza para los pobres periódicos sensacionalistas, cansados ya de los mismos chismes macroeconómicos de todas las semanas.
Para empezar, y en honor a los puristas y quisquillosos ente los cuales me encuentro, hay que aclarar que Big Ben es simplemente el nombre de la campana que se encuentra en el interior de la Clock Tower o Torre del Reloj. También hay que aclarar que la noticia no es nueva. Ya se sabía que la torre iba inclinándose poco a poco, pero al parecer, ahora dicen que el ritmo se ha acelerado.
Lo cierto es que, aunque actualmente se encuentra ya casi medio metro fuera del eje vertical, tan solo supone una desviación de 0.26 grados y sigue su inclinamiento a razón de menos de 1 milímetro al año. Tendrían que transcurrir unos 4000 años para que alcanzase los 4 grados de inclinación de la famosa torre de Pisa.
Todos los medios conocen estos datos, pero con eso no se venden periódicos. Ya se sabe: “no dejes que la verdad te estropee una buena noticia”. Ni siquiera hace falta utilizar photoshop para darle dramatismo a la noticia, no hay más que jugar con el ángulo de la foto para convertir al Big Ben en una torre a punto del colapso. Las imágenes utilizadas por el Daily Mail o el Mirror son dignas de mención y la del Telegraph de matrícula. Pero yo me quedo con la del Sun. El ángulo elegido es insuperable.
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