El Puente Enrollable
A simple vista no es más que una sencilla pasarela de acero y madera sobre uno de los canales situados al norte de Paddington. Pero en realidad se trata de, probablemente, el puente más original de Londres: El Rolling Bridge.
Para descubrir su peculiaridad es necesario verlo un viernes a las 12 del mediodía, que es la hora exacta en que el puente se enrolla de manera automática, encogiéndose en un octógono perfecto que nada tiene que ver con un puente.
El lugar no es fácil de encontrar, deberéis estudiaros bien el mapa, y sin duda es solo apto para amantes de la arquitectura o gente con mucho tiempo libre (los jubilados son bienvenidos). Aquí podéis ver el video completo del puente recogiéndose, pero advierto que son más de 2 minutos de lento encogimiento y que la música que le han añadido no lo hace precisamente más atractivo.
Consumismo devorando Capitalismo
El Royal Exchange, en la City, fue fundado en 1565 por Sir Thomas Gresham para actuar como centro del comercio de la ciudad. Sin duda uno de los primeros templos al Capitalismo, con un espacioso trading floor en el medio (lo que en español se conoce como parqué), donde los comerciantes y mercaderes negociaban, rodeado por varios niveles de oficinas y tiendas.
Situado frente a la estación de Bank y encajado entre las campechanas calles de Conrhill y Threadneedle (Colina del maíz y aguja e hilo), es a menudo confundido por los turistas con el Banco de Inglaterra, que en realidad es el edificio, algo menos impresionante, situado a la izquierda.
Como todo en esta zona de la ciudad, el Royal Exchange se ha calcinado un par de veces, y el edificio actual y su impresionante fachada Corintia datan de 1844. Durante un siglo funcionó como lugar de comercio, pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial y, a pesar de que se salvó de los bombardeos, la actividad decayó por completo.
El lugar se buscó unos cuantos empleos temporales mal pagados, como sede del Teatro Mermaid o como casa del London International Financial Futures Exchange. Hasta que, hace una década, fue completamente renovado y se convirtió en un lujosísimo centro comercial en los que Tiffany, Bulgari o Cartier campan a sus anchas. El Capitalismo se alimenta de Consumismo hasta que éste, al final, le acaba devorando su propio terreno.
Merece la pena echarle un vistazo e incluso os podéis permitir el lujo de tomaros algo en el Gran Café. Sí, es caro, pero no prohibitivo…
San Bartolomé el Grande
Con la Iglesia de St. Bartholomew the Great pongo el broche final al misterioso y recóndito barrio de Smithfield, tras pasar por ese rincón del pecado que fue Pye Corner, el lugar donde fue desmembrado William Wallace y el mercado de los carniceros de todo tipo.
Esta iglesia normanda, fundada como monasterio Agustino en 1123, es una de las más antiguas de Londres y de las pocas que se libraron del gran incendio de 1666, de los zepelines alemanes de la Primera Guerra Mundial y de los bombarderos de la Segunda. Tan solo el tiempo y el abandono lograron hacer mella en el edificio y obligaron a reformarlo en el siglo XIX.
La entrada que da acceso al patio de la iglesia es uno de los pocos supervivientes del recinto original, la entrada Oeste, cuyo edificio del periodo Tudor resiste de forma subrealista acorralado por la civilización.
Desde el patio, en ese pequeño espacio frecuentado por unos pocos sabios, rodeados por tumbas y por el Otoño, se tiene la mejor vista de la iglesia.
Nada más entrar a la iglesia, a la derecha, nos econtramos con otro pequeño recuerdo del pasado monástico, una sección del claustro reconvertida en un místico café en el que tomar algo caliente ilumnados por la escasa luz que entra por las vidrieras.
Si queréis visitar la iglesia por dentro, me temo que deberéis pagar el canon turista. Es el precio de la fama por haber sido escenario de películas como Shakespeare in Love o Robin Hood, y por haberse celebrado allí la última boda de 4 Bodas y un Funeral, en la que Hugh Grant casi se casa. Sin duda su interior merece la pena, pero eso ya lo tendréis que descubrir vosotros…
Mercado de Smithfield
El actual edificio victoriano data de 1868 y su interior ha sido completamente acondicionado convirtiéndolo en uno de los mercados de carne más modernos de Europa, pero en este lugar se ha comerciado con carne desde hace casi un milenio y en el siglo XIX se movían allí cerca de 2 millones de cabezas de ganado anuales.
A pesar de estar situado en pleno centro, entre Farringdon y Barbican, a pocos minutos de la Catedral de St. Paul’s, los turistas no acuden en masa a comprarse un perrito caliente los sábados por la tarde ni a hacer fotos a los sangrientos delantales de los carniceros. Éste es un mercado de verdad. Se trata del último mercado de abastos que sobrevive en el centro de Londres. Abre de lunes a viernes a las 3 de la mañana y si quieres verlo en plena actividad hay que acudir antes de las 7.
A sus espaldas tienes siglos de truculenta historia, cargados de ejecuciones, torturas y venta de ganado, que se pueden ver representados en varios paneles informativos en la calle principal, donde también hay varias de las míticas cabinas de teléfono británicas. En la siguiente foto se puede ver a dos de los representantes más populares, la K2 en primer plano, diseñada en 1926 con sus 18 paneles de cristal en cada lado y la K6, construida en 1935 para conmemorar el 25 aniversario en el trono del rey Jorge V. Por cierto, la K no viene del término perroflautil “kabina”, sino de kiosk.













