City Hall: el Ayuntamiento de Londres
Por lo general, los ayuntamientos de las ciudades se encuentran siempre en una situación privilegiada y el de Londres no es una excepción. Foster fue el encargado, hace ya 10 años, de diseñar este singular edificio en el Southbank, junto al río y a 2 pasos del Tower Bridge. Se le conoce como el huevo, la cebolla, el bicho bola o incluso el casco de Darth Vader. Ken Livingstone que, como ya aprendimos la semana pasada no se calla ni debajo del agua, se refirió a su antiguo lugar de trabajo como el “testículo de cristal”.
Como buen ayuntamiento, está abierto al público entre semana de 8:30 a 18:00 y, previo paso por el inevitable detector de metales, se puede acceder a su interior helicoidal: aunque solo a ciertas zonas, como por ejemplo a la cámara (chamber), que se puede ver en la segunda planta a modo de pecera tras un cristal.
En su sótano, hay también una cafetería abierta al público donde sirven un menú diario asequible y políticamente correcto, con todas las indicaciones necesarias de “gluten”, “halal” y “vegetariano”, pero sin mucha gracia ni sabor. Desde luego no parece que sea allí donde Boris Jonhson o Ken Livingtone llenan la barriga.
Ye Olde Mitre Tavern
I will walk a long mile or two, passing many pubs so that I can wet my whistle at this fantastic pub.
Esta anónima y breve recomendación sobre un pub cercano a la City, que descubrí navegando por webs cerveceras, fue motivo suficiente para llevarme hasta allí, hasta el Ye Olde Mitre Tavern. La traducción de tan contundente y casi medieval frase sería, más o menos: “Caminaría una larga milla o dos, pasando de largo por varios pubs para remojar el gaznate en este fantástico pub”. La arcaica expresión “wet my whistle“, que he traducido a mi antojo como “remojar el gaznate”, parece ser que proviene de “whet my whistle“, literalmente”estimular mi silbido”, en alusión a que con la boca seca es complicado silbar.
Encontrarlo no es nada fácil, pero pocos pubs merecen tanto la búsqueda. Se esconde de los tursitas en uno de esos tímidos y recónditos pasajes llamado Ely Court, entre Hatton Garden (la calle de los diamantes) y Ely Place. Construido originariamente en 1547 por los sirvientes del cercano Palacio del Obispo de Cambridgeshire, fue demolido en 1772 junto con el Palacio, aunque no tardaron en volverlo a levantar. Curiosamente, hasta hace uno pocos años, el pub estaba fuera de Londres, es decir, pertenecía técnicamente a Cambridgeshire y la policía de la City no podía acceder al lugar sin permiso.
Conserva todas las características de un pub tradicional inglés, con paneles de madera en las paredes, cacharrería por todas partes, surtido de ales y total ausencia de música. Tiene un par de espacios divididos por una barra común, un piso superior para eventos, al que se accede por una escalera desafiante, y una terraza exterior amueblada con toneles. En su interior no te sientas en una silla cualquiera, sino en los sólidos butacones del antiguo Palacio del Obispo.
No es un sitio al que se vaya a comer pero, aunque sus salchichas tienen fama de repulsivas, los tradicionales sandwiches tostados son más que recomendables y económicos. Hoy en día, no son muchos los lugares donde uno puede tomarse un par de buenas pintas de ale, con unos pickle, ham and cheese sandwiches por poco más de 10 libras. Eso sí, evitad los fines de semana, donde el hecho de estar cerrado podría impediros disfrutar en plenitud del pub.
El caballito del Cuarto Pedestal
La famosa plaza londinense de Trafalgar se encuentra flanqueada por cuatro pedestales (plinths). Los dos situados más al sur sustentan estatuas de Henry Havelock y Charles James Napier, grandes generales del Imperio. Los otros dos pedestales, más cercanos a la National Gallery, fueron diseñados para sujetar estatuas ecuestres y, en efecto, uno de ellos tiene a Jorge IV a lomos de su caballo, pero para el cuarto pedestal, finalizado en 1841, se quedaron sin dinero.
En 1998, un lector del Evening Standard sugirió que se podía mover la escultura ecuestre de Jorge III que hay a 5 minutos de la plaza para ocupar ese cuarto pedestal. La idea parece perfecta si tenemos en cuenta que se trata del Rey que ocupaba el trono en la época de la batalla de Trafalgar, pero la idea no se tuvo en cuenta y en su lugar se creó un proyecto por el cual diferentes obras de arte se van turnando para ocupar tan privilegiado lugar.
Desde entonces ha habido de todo, incluyendo algo de “arte” viviente hace un par de años. Durante todo el último año, una embotellada réplica gigante del buque insignia (flagship) del Almirante Nelson en la batalla de Trafalgar, había coronado el cuarto pedestal. En nuestra galería de Flickr se puede ver una foto de la misma, gracias a Laura_11.
La nueva pieza, desde hace una semana, sitúa por fín una estatua ecuestre en el cuarto pedestal. Se trata de una obra de 4 metros de alto de un niño en su caballito (rocking horse). A mi personalmente, la cara inexpresiva del niño no me dice nada, pero desde luego me parece mejor opción que el pollo azul gigante que ocupará el lugar al año que viene.
John Snow
Antes de que George Martin decidiese llamar así al hijo bastardo de Ned Stark, en su famosa saga Juego de Tronos, otro John Snow, éste de carne y hueso, el padre de la epidemiología, había salvado innumerables vidas.
Nacido a principios del siglo XIX, es considerado el médico (physician) más importante de la historia de Inglaterra. Fue precursor de la higiene médica y del uso de la anestesia, y se adelantó a su tiempo, siendo el primero en llevar a cabo una investigación epidemiológica.
En 1854, el cólera campaba a sus anchas por la insalubre ciudad de Londres, mientras que los eruditos de la época y su obsoleta teoría miasmática lo achacaban a los aires fétidos, al igual que lo hacían con la peste negra o incluso la clamidia. Snow no conocía el mecanismo por el cual la enfermedad se transmitía, ya que la teoría del gérmen no apareció hasta después de su muerte, pero aún así llevó a cabo una profunda investigación, estudiando cada caso de cólera y situándolos sobre un mapa hasta dar con la fuente del brote de cólera, que no era otro que una fuente en el Soho.
Su hallazgo, en el que relacionaba los casos de cólera con las fuentes cuya agua provenía de cañerías corrompidas y que hoy puede parecer trivial, marcaron un antes y un después en la historia de la salud pública. Hoy en día, en Broadwick Street, en el Soho, una fuente sin manivela le recuerda frente a un pub con su nombre. Curiosa forma de conmemorar a un médico abstemio. Espero que al menos los baños estén limpios…












