Ventajas de trabajar en un idioma que no es el tuyo

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Nos guste o no, el inglés se ha convertido en el idioma por excelencia de los negocios. La mayoría de las multinacionales (Airbus, Nokia, Renault, Samsung o SAP, son solo algunos ejemplos) está imponiendo el inglés como lengua común de la empresa en un intento por facilitar la comunicación y aumentar la colaboración y el rendimiento en equipos y departamentos dispersos por todo el globo.

En estas circunstancias, los angloparlantes nativos parecen tener una clara ventaja. Es más fácil para ellos argumentar con fluidez y hacer valer sus opiniones haciendo uso de un vocabulario más amplio y frases construidas adecuadamente.

Intenta oponerte a uno de ellos y puede que acabe barriendo tus argumentos a través de su elaborada verborrea cargada de florituras. Los nativos pueden utilizar su manejo del lenguaje para, en un momento dado, socavar fácilmente tu autoridad durante una negociación. He perdido la cuenta de las veces que me he quedado fuera de juego durante una conversación tras una simple broma o chascarrillo de algún perro viejo del equipo de ventas.

Como profesional español que ha trabajado en Reino Unido durante los últimos 8 años, puedo asegurar que trabajar en un idioma que no es el tuyo no es nada fácil. Pero también existen ventajas significativas para los que no somos nativos. Un reciente artículo en The Economist resaltaba algunas de ellas, consideradas en cierta forma sutiles, pero en mi opinión algunas de estas ventajas pueden llegar a ser críticas en los empresas internacionales actuales.

La ventaja obvia de ser hispanohablante en donde yo me muevo, el mundo del marketing, es que comparto lengua materna con otros 400 millones de personas en este mundo y es probable que algunas de ellas incluso quieran comprar nuestros productos. Si tu intención es vender con éxito en el mercado español o sudamericano, conseguir un par de partners o contratar a un comercial en la zona no suele ser suficiente. Las empresas deben contar con gente a nivel corporativo que comprenda el mercado y pueda salvar las brechas culturales.

Hace unos días leía en un artículo de Larry Kim que una de las principales habilidades necesarias para triunfar en el trabajo en 2020 será ser competente en entornos interculturales: la capacidad de trabajar de forma productiva en diferentes contextos culturales. Trabajar en idioma y cultura ajenos cada día te da sin lugar a dudas la empatía necesaria para lidiar mejor con equipos situados en diferentes países e incluso continentes.

Todos coincidiréis en la importancia de ampliar las fronteras de tu “comfort zone” o zona de confort, de forzar situaciones donde te encuentres como pez fuera del agua. A la larga te hace más productivo, creativo y capaz de afrontar cambios. Pero, aunque como concepto queda muy bien en posters de auto-ayuda sobre un fondo de gente tirándose desde un avión, en la vida real, salirse de la cómoda rutina es siempre muy complicado y requiere de un gran esfuerzo. Como expatriado en Reino Unido, me veo obligado a ampliar esas fronteras invisibles a diario, tanto en el terreno profesional como en el personal. En estas circunstancias se aprende a lidiar con los cambios a un nivel superior, se reciben con los brazos abiertos.

Normalmente no es nada fácil demostrar lo brillante que eres en un idioma que no es el tuyo, pero yo lo considero más una ventaja que un inconveniente. En lugar de fanfarronear con una verborrea sin sentido, puede que sea más conveniente pasar desapercibido por un instante e intervenir justo en el momento adecuado durante una negociación, aportando un punto de vista diferente del que el resto de nativos se ha cansado ya de usar hasta la saciedad.

Hablar más pausadamente permite a los no nativos elegir la palabra adecuada en el momento oportuno, algo que la mayoría de la gente no hace cuando se encuentran emocionados o nerviosos. La fluidez en un idioma está claramente sobrevalorada. Imagina lo diferente que sería este mundo si todos pensásemos primero y hablásemos después, y no al contrario, como suele ocurrir.

El artículo en The Economist menciona una interesante investigación llevada a cabo por la Universidad de Chicago, en la que confirmaron que la toma de decisiones en un segundo idioma es en realidad mejor. En su experimento varios individuos completaron un test que contenía ciertas preguntas trampa, donde la respuesta fácil era en realidad errónea. Los sujetos que hicieron el test en su segundo idioma eran más propensos a evitar la trampa y elegir la respuesta correcta. Incluso en el caso de preguntas de dilema moral, como si es aceptable matar a alguien con tus propias manos para salvar varias otras vidas, los participantes enfocaron la respuesta de una forma más práctica y menos emocional en los casos donde el test era en una lengua que no es la suya. Probablemente el tipo de pensamiento que buscan la mayoría de empresas.

Esta claro que debo seguir mejorando mi dominio del inglés para poder ayudar a mi empresa durante eventos, seminarios web y hacer llegar nuestro mensaje con éxito, pero al mismo tiempo mis colegas deberán aprender algo esencial: a comunicarse como es debido con gente cuya lengua materna no es la suya. No sintáis lástima de mi por tener que esforzarme a diario en un idioma ajeno, sentidla por esa pobre gente monolingüe que no tiene forma de saber lo que se pierde.

Artículo publicado originalmente en inglés aquí.

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One Comment;

  1. Jone said:

    Hi! Gracias por compartir tu punto de vista. Nosotros desde Bilbao School intentamos que los alumnos aprendan inglés para que puedan salir de lo que ya conocen y que exploren nuevos sitios y oportunidades.

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