Porridge: el rey del desayuno británico

porridge

Seguro que, si os habéis pasado en algún momento por Instagram, estaréis saturados de ver esas fotos con filtros variados donde se aprecian suculentos boles llenos de frutas apetecibles, frutos secos y con una especie de papilla blanca como base, cuya pinta no puede ser más increíble. Cualquier instagramer-famosete-modernito que se precie, debe tener al menos una foto de estas características.

Pues lo que contienen esos boles no es ni más ni menos que porridge, o lo que podríamos traducir, con un poquito de menos glamour, como “gachas”.

El Full English Breakfast puede que lleve tanta fama como grasa, pero el desayuno típico británico del día a día es el porridge. Se consume ya en muchos otros sitios desde tiempo inmemorial (se cuenta que lo inventaron los griegos) y su ingrediente principal es la avena, aunque ahora también se elabora con otros tipos de cereales, e incluso legumbres. En las islas, el origen del porridge lo encontramos en los Celtas, de ahí a que se convirtiera en desayuno típico escocés.

La avena era un cereal que prácticamente todo el mundo podía cultivar y que solía aguantar bien en las cosechas durante todo el año, así que se convirtió en parte fundamental de la dieta. Siempre se asoció a la vitalidad y a la energía por la cantidad de vitaminas, proteínas y minerales que contenía, así que comenzó a popularizarse como desayuno, especialmente para las personas que tenían que salir a trabajar al campo y necesitaban algo contundente que meterse en el cuerpo, para aguantar hasta la hora del almuerzo. Algo muy típico en las Highlands.

Normalmente, la avena se preparaba hervida en agua o leche, aderezada con sal o azúcar, como plato frío o caliente. Las variantes eran infinitas, así como pasa a día de hoy, que se pueden hacer de muchas maneras diferentes, en función del gusto de cada uno.

Aquí os dejo una receta básica de porridge, que podéis cambiar según vuestros gustos o la temporada en la que estemos. Espero que la probéis y que la disfrutéis, porque no puede ser más sencilla.

Ingredientes:

  • 1 vaso de leche
  • 3-4 cucharadas de Copos de avena
  • Fruta (al gusto)
  • Frutos secos (al gusto)
  • 1 rama de canela o 1 vaina de vainilla (opcional)
  • Miel, azúcar, canela en polvo… cualquier edulcorante que nos guste.

Elaboración:

En un cazo ponemos a calentar a fuego medio la leche. Cuando veamos que empieza a echar humo porque ya está medio caliente, agregamos las tres o cuatro cucharadas de avena, y removemos constantemente hasta conseguir que se forme una especie de crema. Si nos queda muy líquida podemos echarle más copos de avena. O más leche, si vemos que nos queda demasiado espesa. La cremosidad de la mezcla la podéis hacer a vuestro gusto.

Una vez que ya la tenemos tan cremosa como queramos, la pasamos a un bol y le añadimos trocitos de frutas (puede ser una pieza o varias, ¡lo que queráis!), si son de temporada mejor que mejor. Añadimos también los frutos secos (troceados o enteros) y endulzamos con el edulcorante que más os apetezca: miel, azúcar, stevia…

Ahora ya solo tenemos que remover todos los ingredientes ¡y listo! ¡A comer con ganas!

Opcional: Si queréis darle un sabor mucho más bueno, cuando calentéis la leche, añadid una ramita de canela o una vaina de vainilla (también podéis poner un poquito de extracto de vainilla) para que se mezcle con la leche. Retirad la ramita o la vaina antes de echar los copos de avena. Si usáis el extracto de vainilla, no tenéis que retirar nada porque ya se disuelve solo en la leche 😉

Ith gu leòir! (¡Buen provecho!)

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2 Comments

  1. Rham said:

    Es sano, bastante completo como alimento, y como se produce localmente y apenas está procesado, tiene muy poco impacto medioambiental (en cuanto a lo del carbon footprint): qué más se le puede pedir a un alimento??

  2. Carlos Terron said:

    Vamos, gachas de toda la vida en toda Europa. Que se las coman ellos.

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