La casa de Sherlock Holmes

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Imagino que muchos de los que leéis este blog sois espectadores de “Sherlock“, una de las series estrella de la muy británica BBC. Aunque la serie esté ambientada en el presente, Sherlock es un personaje que apareció en la segunda mitad del XIX, por lo que el detective no disfrutó de las moderneces del presente como lo hace en la serie. Pero si nos gusta el personaje o nos gustan las tramas de sus libros, podemos acercarnos a su casa, al famoso 221B de la calle Baker, en el distrito de Westminster.

Si recurrimos a nuestra memoria, o a Netflix, recordaremos que en el primer capítulo de la serie, la puerta de la casa aparece junto al café Speedy’s. Sin embargo, si buscamos este café en la actual calle Baker, a la altura del número 221B, no lo encontraremos. Más bien nos daremos de bruces contra la tienda de regalos del museo. Es el lugar al que tendremos que entrar para comprar la entrada (a cambio de £15 de la época actual) a la casa del famoso detective. Es muy probable que tengamos que hacer cola: la entrada y los recuerdos se pagan en la misma caja.

Con nuestra entrada y el folleto informativo saldremos del establecimiento para, ahora ya sí, entrar en casa del señor Holmes. El folleto en castellano es digno de mención por su más que dudosa calidad lingüística. Quizá la opción en inglés sea más saludable para la vista, especialmente si tienes un mínimo de escrupulosidad ortográfica.

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Una vez dentro, un guardia ataviado con sus mejores galas de estilo victoriano, nos picará la entrada y nos dejará acceder al estrecho pasillo de la planta baja. Sólo podremos subir las escaleras al primer piso, donde nos saludará un ama de llaves dispuesta a sacarse fotos con los turistas que se lo pidan. La primera planta tiene dos estancias. La primera es el despacho/sala de estar de Sherlock, con la que te topas de frente nada más subir las escaleras, y es una habitación mucho más pequeña que la que se ve en la serie. Además, como cuando vayas al museo no serás la única persona en la sala, la sensación de que vas a tirarlo todo cuando te gires es inevitable. Eso sí, allí podrás ponerte alguno de los característicos sombreros de la serie para sacarte una foto con el salón como decorado. La estancia contigua es la habitación del detective. Hay una cama de 90 con una cómoda y un cajonero, además de todos los pequeños cuadros que hay colgados por todas las paredes de la casa.

En el segundo piso hay otras dos estancias de los mismos tamaños que las de la primera planta. Son las habitaciones de los dos compañeros de piso del señor Holmes: a la derecha está la pequeña habitación del dr. Watson, y de frente está la del ama de llaves, la señora Hudson. Al fin y al cabo esto es Londres y todos hemos tenido compañeros de piso alguna vez. Incluso el señor Holmes.

Museo Sherlock Holmes

En la tercera planta hay otras dos salas en las que hay personajes de cera que aparecen a lo largo de sus tramas. Incluso hay un corcho en el que, si lo deseas, puedes dejarle una notita al detective. Y ya en el ático está el aseo. Sí. Eso es. El aseo. Y es que en la época no debía de ser costumbre ducharse (al menos, tal y como lo hacemos hoy en día) y hay un retrete y un lavabo, pero ni rastro de la ducha.

Después de ver el museo, creo que te tiene que gustar mucho Sherlock o tienes que vivir en Londres y tener un rato suelto para ir al museo. La casa está bien cuidada y está expuesto hasta el más mínimo detalle. La tienda está muy bien (casi prefiero la tienda por la gran variedad de regalos que se pueden comprar), pero no sé hasta qué punto merecen la pena las £15 de la entrada, con la de museos gratuitos que hay por todo Londres. Total, la casa se ve en 20 minutos…

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