La historia más conmovedora del metro de Londres

El famoso mind the gap del metro londinense es todo un icono de la capital británica, a la altura de los autobuses rojos de dos plantas, Jack el Destripador o los gorros peludos de los Guardias Reales.

Pero solo un fanático obsesionado con el metro de Londres o algún blogger aburrido sabría decir que esa voz, que durante décadas ha salvado a millones de personas de caer en el temido hueco entre el vagón y la plataforma, pertenece al actor ya fallecido Oswald Laurence.

De entre todos esos millones de commuters y turistas que a diario escuchan la voz, solo una mujer se detiene a escucharla. Se sienta a diario en un banco de la estación de Embankment, entre la multitud, y espera al próximo tren para oír la familiar voz. Es la viuda del señor Oswald, que tras su muerte, encontró reconfortante escuchar al que fue su marido durante 15 años en sus desplazamientos por Londres.

Tras utilizar la voz en la Northern Line durante 40 años, una versión digital tomó el relevo y la fue arrinconando hasta la estación de Embankment, la última en donde Margaret podía escuchar a su marido. Hasta un 1 de noviembre de 2012, cuando simplemente su voz se desvaneció.

Tras oír la historia, la TFL reaccionó rápidamente y un amable empleado de la estación le grabó un CD a la mujer con la voz de su marido. Pero en 2013, el metro de Londres fue más allá y decidió ignorar la nueva y cuidadosamente seleccionada voz profesional, para devolver a Mr Laurence al escenario de Embankment, donde su mujer o cualquier otro londinense que preste un poco de atención podrá escuchar su eterno consejo: “Mind the gap, please“.

Si os habéis quedado con ganas de más, aquí tenéis la historia contada en forma de corto por Luke Flanagan, presentada en el London Short Film Festival este año.

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6 Comments

  1. Sandra said:

    Lo que en el artículo se llama "horrible voz computerizada", es en realidad la voz elegida tras una investigación de TFL en la que se grabó a varios profesionales de voice off y se hicieron grupos de control para entender cuál era la voz más adecuada midiendo los valores que transmitía (idoneidad, tranquilidad, etc). Lo cuenta la propia dueña de la voz en este libro sobre Londres, que es bastante interesante:
    http://www.theguardian.com/books/2012/jul/08/londoners-craig-taylor-review

    Estoy completamente de acuerdo en que la historia es bonita, pero si habéis escuchado la voz de Oswald Laurence, os daréis cuenta de que es demasiado autoritaria y seca, y está muy lejos del tipo de voces que se usan hoy en día: mucho más cercanas y naturales.

    Me parece mal que por el bien de esta historia se menosprecie la labor que hizo TFL para buscar la mejor voz, y creo que si habéis cogido alguna vez el metro, os habréis dado cuenta de que para nada suena artificial o "computerizada". Obviamente será digital, por razones obvias.

    • Jorge Ruiz said:

      Buen apunte Sandra. No era una cuestión de menosprecio a la TFL, pero sí que quedaba algo dramático. Queda corregido.
      Gracias por tomarte la molestia de comentar!

    • kika said:

      Muy buen apunte y de acuerdo contigo en la valoración de la voz del actor y las de hoy día.
      pero lejos de todo esto , es una historia Hermosa… Gracias x hacerla.

  2. Pingback: Escape to London - El origen del ‘Mind the gap’

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