Los londinenses abandonan Londres

Ojos de Lodres

La acogida del famoso artículo sobre qué se siente al dejar Londres superó totalmente mis expectativas. Miles y miles de nostálgicos ex-londinenses lo compartieron a través de Facebook y, otros tantos miles de futuros londinenses, lo leyeron y releyeron con anhelo añadiendo un par de pesos a la balanza que les puede hacer abandonarlo todo para escapar a la gran ciudad.

Pero ya sabemos que el ser humano tiende a idealizar las cosas, las personas y también las ciudades cuando hay distancia de por medio. Nuestro privilegiado cerebro tiene una increíble habilidad para obviar los sufrimientos y quedarse con un resumen de los buenos momentos. ¿Pero qué pasa con los londinenses? Los que han nacido y crecido en Londres, ¿comparten esta visión idílica de su ciudad?

Como aquí nos gusta mostrar las dos caras de la moneda, esta vez he traducido un reciente artículo de Bryony Gordon, una joven columnista del Telegraph con la que no estoy muy de acuerdo pero que sin duda aporta una visión de londinense autóctona, poco común por aquí, y que dice así:

Londres está acabado… y ya iba siendo hora.

Samuel Johnson dijo que una persona cansada de Londres está cansada de la vida, pero eso fue hace ya 200 años y de verdad me gustaría que la gente dejase de citarle como si lo acabase de decir, cuando en realidad, hoy en día, se habría largado de vuelta a su pueblo en Staffordshire nada más echar un vistazo al escaparate de cualquier inmobiliaria.

El bueno del Dr Johnson nunca tuvo que esperar 40 minutos para meterse con calzador en el sobaco de un extraño en el metro, una situación cotidiana para cualquiera de los que vivimos en esa vasta y vomitiva masa a la que los ricos llaman “Sarf London” (sur de Londres burlándose del acento local), incluso si ciertas partes de “Sarf London” se cotizan a precio de trufas espolvoreadas con oro y servidas en bandeja de platino con diamantes incrustados.

A él los turistas nunca le machacaron los dedos del pie con una maleta de ruedas, y nunca fue insultado y atropellado por un ciclista que acaba de saltarse el semáforo en rojo. De haber venido el señor Johnson a Londres ahora, sin duda habría acabado exhausto. La gente le gritaría de todo mientras cruzase sonámbulo la estación de Victoria y le sacarían a codazos del camino en la carrera diaria hacia las entrañas del metro.

¿Os cuento un secreto? A nadie le gusta Londres, especialmente la gente que por desgracia tiene que vivir en él. Existe una extendida idea equivocada que dice que la gente de la capital británica son todos miembros de una especie de élite metropolitana y que andamos por ahí con aires de grandeza porque se da la circunstancia de que vivimos cerca de un puñado de buenos museos  y del Primer Ministro.

Sin duda, esto debe ser cierto para una minoría que puede permitirse no usar el transporte público y escaparse a un caserón en el campo los fines de semana. Pero el resto de mortales simplemente intentamos, y a menudo no conseguimos, ganar un sueldo decente en una ciudad que hace lo que puede para extraérnoslo.

Pregúntale a un londinense qué es lo mejor de la ciudad para él y, si es verdaderamente honesto, probablemente te diga que lo que más le gusta es hacer una lista de todas las cosas que odia de la ciudad: el lamentable transporte público que cierra la mayoría de fines de semana porque ¿a quién se le ocurre viajar en fin de semana?; la gente maleducada por doquier; los turistas que no tienen otra cosa que hacer que venir de vacaciones aquí.

Realmente odio este lugar y eso que nací aquí. Algunos días, cuando ciertas partes de mí quedan aprisionadas entre las puertas de la Northern Line, porque hay espacio para mi pierna izquierda pero no para la derecha, pienso sinceramente que podría morir aquí también. Ese ha sido siempre el estilo londinense de aguantarse y seguir adelante, pero en los últimos años algo ha cambiado. Vengo de una larga dinastía de londinenses, mis padres y mis abuelos nacieron aquí también, y tanto ellos como yo vinimos al mundo en hospitales que ahora han sido transformados en supermercados o apartamentos de lujo.

De forma paulatina mi propia familia se ha ido mudando fuera de la ciudad, atraídos por el hecho de que puedne comprar haciendas enteras en Devon por el precio de un cutre piso de dos habitaciones en Elephant and Castle. La mayoría de mis amigos se ha ido también. Nuestra capital ha degenerado tanto que mudarse a otro lugar con peores trabajos y salarios más bajos, supone aumentar la calidad de vida.

Así que no me sorprendió en absoluto descubrir que los treintañeros están abandonando Londres como nunca antes. Según un estudio publicado por la Oficina Nacional de Estadística, 58220 personas de entre 30 y 39 años dejaron la capital de junio de 2012 a junio de 2013, una cifra récord.

No todos huyen como ratas en busca del aire fresco de la campiña inglesa. Un gran número de ellos se mudan a ciudades más pequeñas con diez veces más encato: Manchester, Birmingham, Bristol, Nottingham, Liverpool y Newcastle. Ya no se dejan embaucar por esa creencia que dice que Londres es el único lugar del país con museos y cultura.

Es totalmente comprensible que la exhaustas familias con niños pequeños dejen Londres en manada, porque ha sido siempre una ciudad para los jóvenes, llenos de ilusiones y energía. Pero mi hermano, que tiene tan solo 22 años, me cuenta que muchos de sus amigos del colegio han decidido probar fortuna en otros lugares, no ven futuro en la capital. Para ellos Londres es una ciudad monopolizada por los ricos, por banqueros y oligarcas y famosos del tres al cuarto que incluso han convertido la vieja carretera hacia Kent en un nuevo Park Lane.

Dentro de poco, Londres no será más que un patio de recreo para gente adinerada que hace las veces también de atracción turística.  Esto es algo que me entristece pero al mismo tiempo fortalece mi idea de recoger los bártulos y largarme en cuanto consiga colocar nuestro pisito de una habitación y media en el mercado. El año pasado, Vince Cable describía la capital como una “máquina gigante de succión consumiendo la vida” del resto de Reino Unido. Puede que sea exactamente así, pero esas estadísticas oficiales muestran que la tendencia está cambiando. Londres parece haber alcanzado un punto de no retorno, y ya iba siendo hora.

Foto de cabecera de Kel :3

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