Un día en las carreras… de galgos

Carreras de galgos

Despedidas de soltera con exceso de maquillaje y peso, abuelos con chaquetas de tweed de la postguerra, padres ludópatas con sus resignados niños y sobre todo chavs, de los que ya lucen calva, que aumentan su nivel de decibelios al compás de las pintas de lager. Este es el elenco que suele acudir a las carreras de galgos o greyhound racing que todavía perduran en territorio británico.

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El escenario al que acudí fue el Wimbledon Stadium, un estadio que es probablemente el más importante en el mundillo en territorio inglés y que sin embargo ha conocido tiempos mejores. Sobre todo durante la época dorada de las carreras de galgos tras la guerra o, mejor aún, a finales de los 70, cuando 65 modelos desnudas participaron en una carrera ciclista alrededor de su pista para la grabación del vídeo musical de Queen: Bicycle Race. Ya sabéis, la de “I want to ride my bicycle…”. Bueno mejor que veáis el vídeo.

La experiencia es solo recomendable cuando tu nivel de britishness alcanza ya cierto nivel o si eres un apasionado de las apuestas. Porque aquí los protagonistas nos son los perros, sino las apuestas. El dinero cambia de manos constantemente tras estudiar detenidamente los indescifrables folletos plagados de estadísticas e historiales perrunos. Tras cuatro o cinco carreras intentando sacarle sentido a las estadísticas, como si se tratase de romper el mismísimo código Enigma, nos decidimos a hacer nuestra primera apuesta basándonos en todos mis conocimientos sobre carreras de galgos: el perro número 4 acaba de cagar, va más ligero.

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Hay casas de apuestas modernas, con ordenadores y marcador electrónico, pero preferimos confiarle nuestro dinero (las 5 libras al completo) al trío de vejestorios malencarados, con su pizarra veleda, que copian las probabilidades de victoria del marcador electrónico más cercano.

Tres o cuatro apuestas más tarde, y otras tantas pintas, seguimos sin ganar nada, además de cierto ardor de estómago tras arriesgar con una de las hamburguesas con queso que allí venden. En la planta de arriba tienen también un restaurante, con la terraza orientada a la pista, que espero sirva algo más decente, porque si la calidad de la comida es similar a la hamburguesa de perro viejo que comí yo, no recomiendo acercarse por allí ni a mi peor enemigo.

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No esperéis hacer fortuna allí y menos siguiendo mis consejos, pero desde luego es toda una experiencia única, extraña y algo surrealista, en un escenario casi post-apocalíptico, que no se ve a menudo. Al fin y al cabo, esto es el equivalente a los toros de los ingleses pero con apuestas de por medio.

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One Comment;

  1. Colin Davies said:

    Galgos are smaller than greyhounds, though bigger than whippets. All 3 have beautiful temperaments. Unless you’re a rabbit.

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