29 de Febrero, un día sin tradiciones
Como todos sabéis, un año bisiesto (en inglés leap year), es aquel divisible por 4, salvo si es divisible por 100, a no ser que también lo sea por 400. Es decir, que cada 400 años necesitamos 97 bisiestos para compensar esas 5 horas, 48 minutos y 45,25 segundos que los astros, que no atienden ni entienden de calendarios, nos dejan cada año a modo de sobras.
Algo que no es tan conocido es el hecho de que durante este día adicional, el 29 de febrero, los usos y costumbres se invierten, de forma que, tradicionalmente, hoy son las mujeres las que piden matrimonio a los hombres.
La leyenda dice que esta costumbre comenzó en el siglo V en Irlanda, donde Santa Bridget se quejó a San Patrick acerca de que las mujeres debían esperar durante mucho tiempo tan anhelada petición, por lo que el Santo Patrón irlandés decidió que las más desesperadas podían tomar la iniciativa en este día adicional de los años bisiestos.
Según las leyes inglesas, el 29 de febrero no tenía estatus legal, por lo que las gentes asumieron que las tradiciones tampoco tenían cabida este día. Era razonable pensar que si ese día extra existía para solucionar un problema en el calendario, era justo utilizarlo también para solucionar la vieja costumbre que solo permitía al hombre proponer matrimonio. Supuestamente, una ley promulgada por la reina Margarita de Escocia en 1288 (cuando tenía 5 añitos), penalizaba a los hombres que rechazasen la petición, con multas que iban desde un beso hasta un vestido de seda.
Postal de comienzos del siglo XIX sobre los leap years, muy populares en la época.Londres sin construir: Rascacielos
Tras recorrer las torres que no llegaron a ser, hoy seguimos con el Londres sin construir. En esta ocasión repasamos los edificios que pudieron mandar en el cielo londinense pero que nunca llegaron a aparecer en las postales: los rascacielos.
Green Bird. Con la afición que hay en la City por poner motes a los rascacielos, este “pajarito” de 442 metros y 83 plantas iba a ser un objetivo fácil. Con forma aerodinámica para evitar derrochar en sistemas de ventilación y células fotovoltaicas integradas en la fachada para ahorrar energía al máximo, se debía haber convertido, a principios de este milenio, en uno de los rascacielos más altos del mundo y sin duda el más ecológico. Pero no sé que pasa que todas estos grandes proyectos ecológicos se quedan solo en eso, en proyectos.
Citygate Ecotower. Diferente diseño, misma historia. En este caso la altura todavía es mayor. 485 metros y 108 plantas, para convertirse en el mayor y mejor amigo del medio ambiente de la arquitectura mundial. Pero al parecer, Londres está a años luz de permitir violar la barrera de los 400 metros. De todas formas la propuesta de incorporar turbinas en lo alto para generar energía ya ha demostrado ser un total fiasco en el caso del edificio Strata en Elephant and Castle.
London Millennium Tower. Este imponente edificio de 386 metros y 86 plantas era el diseño original de Foster para llenar el hueco del Baltic Exchange, que había sido seriamente dañado por el IRA en el 92. El desproporcionado tamaño, que doblaba en altura al resto de rascacielos de la City en ese momento, y el miedo a interferir en las rutas aéreas hacia el London City Airport, echaron por tierra el proyecto. En su lugar, el mismo despacho de arquitectos, terminó por levantar el famoso Gherkin, con unas dimensiones mucho más razonables.
Vista teórica desde St. Paul’s. Foto de Fosters and Partners.Super Tower. Londres no para de crecer y las predicciones dicen que se necesitan nuevas residencias para 100.000 personas al año. ¿Solución? Construir el mayor rascacielos de la historia (y de nombre original donde los haya) para albergar a estas 100.000 personas de golpe, al más puro estilo de las “arcologías” del Sim City. No es sólo un edificio, es toda una ciudad vertical, que albergaría parques, plazas, escuelas, hospitales,… y estaría dividida en barrios, pueblos, distritos,… Llegaría a los 1500 metros de altura, casi una milla, por lo que sobrepasaría la altura media del manto de nubes que siempre acompaña a la capital. Ni que decir tiene que esto, de momento, no ha pasado de la fase de “ideaca”.
Una de Fish and Chips
Tras tres años nombrándolo y criticándolo, esta semana me dí cuenta de que no le había dedicado una entrada al adalid de la gastronomía británica: el fish and chips. Así que, aunque ya lo he degustado muchas veces, acudí al pub más cercano, el de debajo de mi oficina, y con la escusa del reportero barato en busca de un artículo, engullí un fish and chips bastante decente con su correspondiente pinta de lager, que es de los planes más british que se pueden llevar a cabo un viernes al mediodía.
La receta se hizo popular entre la clase obrera británica durante el siglo XIX (y açun lo sigue siendo), con la expansión de la pesca de arrastre en el mar del Norte y la mejora de la red de ferrocarril. Consiste básicamente en una generosa porción de pescado, que suele ser bacalao o merluza (cod o haddock), con un denso y crujiente rebozado de harina; acompañado de patatas fritas más gruesas de lo habitual y guisantes o puré de guisantes. Las salsas que se le aplican son muy variadas, pero el clásico de las islas es rociar con sal y vinagre tanto el pescado como las patatas.
Cualquier pub con cocina de Gran Bretaña sirve este típico plato, aunque el lugar auténtico donde probarlo son los conocidos como “chippies“: tascas construidas alrededor de una enorme freidora y especializadas en comida para llevar, siempre y cuando lo que te lleves esté frito.
Hace tiempo ya nombre un chippy muy popular entre taxistas londinenses: el Fryer’s Delight, pero al parecer tiene más fama que calidad en su comida. Otras opciones pueden ser el Poppies de Spitafileds o el Sea Shell junto a la estación de Marylebone.

Del Ártico al Norte de África sin salir de Londres
En España, el titular sensacionalista favorito en cuanto al clima es el clásico “ni los más viejos del lugar recuerdan…”. Pero en Inglaterra, cuna de la prensa amarilla en formato tabloide, eso no es sufiente. Las comparaciones sorprendentes y, a menudo absurdas, son mucho más chocantes y escandalosas. Es decir, venden más.
Es así como, un día como hoy donde, de forma inesperada hemos alcanzado los 16 grados en el centro de Londres, aparece en los periódicos como “Febrero con temperaturas como las de Marruecos” o “La virgen! Más calor que en Australia!“.
Lo más curioso es que a primero de mes estábamos con “Más frío que en el Ártico!” e incluso “Que el Polo Sur!” y hace tan solo una semana “Gran Bretaña era más fría que el Monte Everest!“.
En fín, sea como sea, salid a la calle y disfrutad del buen tiempo, que nunca se sabe cuanto va a durar…
Más fotos de Londres en la Galería de Flickr. Participa subiendo las tuyas!
Archivo: febrero, 2012









