Sí, ya sé que me he pegado otro fín de semana ausente, pero es que lo he dejado como jornada de reflexión para no influiros en vuestras votaciones para el parlamento europeo. Vale, ya veo que no cuela… Qué queréis que os diga, el finde ha sido ajetreado y no me he visto con fuerzas.
El sábado celebramos el cumple de una amiga y estuvimos todo el día en danza. Quedamos a la 1 y media para comer y de ahí ya de tirón hasta la madrugada. El quedar a la 1 y media supone que, por supuesto, no estuvimos todos hasta bien pasadas las 2. Es increíble la fama de impuntuales que tenemos aquí los españoles y lo peor es que es una fama merecidísima.
Comimos en un restaurante de los míticos de Chinatown, el New World, un lugar enorme con varias plantas que ofrece comida tradicional Dim sum. Es un tipo de comida ligera, tanto carne, como pescado, marisco o vegetales, servida en pequeñas porciones en canastas de bambú de donde cada uno va cogiendo lo que quiere o puede. Sería el equivalente chino a las tapas, pero sustituyendo nuestro palillos de mondadientes por los palillos chinos.

Lo más característico de este restaurante es que no hay un menú. Los camareros simplemente vas pasando con unos carritos como en los aviones y ofreciéndote lo que llevan en ellos, de manera que tu lo aceptas o no. Esto tiene la ventaja de que puedes echarle un vistazo y preguntarle al camarero antes de aceptarlo, lo cual es todo un detalle si no somos unos expertos del Dim sum.







