Como me temía, en Cuba no hubo forma de conectarse a Internet, al menos por un precio razonable. Así que iré contando por fascículos mi experiencia en tierras caribeñas.
El primer día, nada más llegar al aeropuerto José Martí de la Habana, nos recogió un chófer en una furgoneta para llevarnos a las 10 personas que íbamos directamente hasta la ciudad de Trinidad, Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1988. La verdad es que es un lugar increible situado entre la playa y la montaña, en el que se respira un ambiente completamente diferente a nada que yo hubiese visto antes.

Plaza Trinidad
Aquí nos alojamos en 3 casas diferentes de cubanos, ya que por ley sólo se les permite rentar 2 habitaciones en cada casa, con dos personas por habitación. Son casas que pagan una cantidad considerable al mes al gobierno en concepto de licencia y que te acogen en su casa encantados, a pesar de sus limitaciones, ayudándote en lo que necesites siempre que esté a su alcance.

Trinidad
En Trinidad alternamos las visitas a playa Ancón, con incursiones a caballo por el Valle de los Ingenios y con paseos por el propio pueblo para terminar las noches en la escalinata junto a la Casa de la Música. La verdad es que era para quedarse mínimo una semana entera allí…

Panorámica de Trinidad








Que bonita la segunda foto.
Al final la entrada en Cuba fue como esperabas?
m.
Peazo fotos.
Y también el texto.
Dan ganas de ahorrar y tirar pa allá.
La verdad es que sí. Y eso que a mí Cuba no me ha llamado nunca mucho la atención como destino de viaje.
Muy bonitas las fotos,pero la sección femenina que sigue tu blog, estamos esperando una en la que salga tu torso desnudo y churruscado en la playa de Trinidad!!!
Juasssss pues tengo una foto en plan Mitch Buchanan saliendo del mar ;-P, pero para una vez que no esta el Alvaro tocando las pelotas con la cámara, voy a mantener el anonimato.
Monttse, la entrada en Cuba fue con una hora de retraso, como suele pasar y con un leñazo de calor y humedad que me hizo acordarme de toda la familia del inventor del pantalón vaquero.
Si es que los vaqueros son lo peor, dan un calorazo horrible, pero no abrigan en invierno. Y, desde luego, ¡no son cómodos! Y siguen teniendo éxito como producto, hay que ver.