Al final los australianos resultaron ser bastante majetes. Al día siguiente estuvimos comentando la jugada y echando unas risas, pero claro su concepto del viaje y el mío eran muy diferentes. Ellos llevaban aqui 15 días y lo único que habían hecho era emborracharse a diario.
A los dos días se fueron y vinieron 3 españoles durante una única noche a los que casi no ví. Después coincidí con 3 irlandeses igual de borrachos que los australianos, pero mucho más malolientes y sobre todo antipáticos. Casí no hablé con ellos más que para cagarme en sus muertos cada noche por lo que roncaban.
Estuve tan a gusto con ellos, que decidí largarme del albergue y buscarme una habitación individual aunque tuviera que pagar bastante más. Me metí durante 3 días en el Kings Hotel, también por la zona de King’s Cross, donde hay un montón de “hoteles” tipo bed and breakfast, pero que en España no llegarían ni a la categoría de “antro”. Tuve que subir mis dos maletones por unas escaleras crujientes hasta la tercera planta, donde estaba mi habitación, que para sorpresa mía no era demasiado cutre. Tenía su propio baño y todo, lo que en este país es casi un lujo. Eso sí, a 45 libras la noche, más del doble de lo que me costaba el albergue.







